31.3.13

¿Y qué pasa con el trabajo de las mujeres de los grandes escritores rusos?

Sofía y Leon Tolstoi
Los grandes escritores rusos, desde Dostoievski, Tolstoi, Nabokov, Bulgakov, Solzhenitsyn, hasta Mandelstam, con frecuencia son descritos como genios solitarios. Pero muchas de sus obras maestras fueron fruto de la colaboración con sus parejas. Muy lejos de ser ellas meras pasivas taquígrafas, se convirtieron en sus correctoras, documentalistas, editoras, y más allá. 

"Lo que la gente sabe es que Sofía hizo copias de las grandes novelas de Tolstoi, pero en realidad fue mucho más lejos", afirma Alexandra Popoff, autora de este libro sobre el tema. "Juntos discutieron sobre su obra, ella fue la chispa sin la cual ese Guerra y Paz que el mundo entero admira, no habría  existido".  

La Literatura inglesa cuenta con escritoras fundamentales, pudiéndonos remontar al siglo XVII con la dramaturga Aphra Behn. También hubo otras mujeres de escritores occidentales como Zelda Fitzgerald y Martha Gellhorn (casada con Ernest Hemingway), que mostraron poco interés por convertirse en notas a pie de página de la vida de alguien. 
Anna Dostoievski

Pero hasta la mitad del siglo XX, la prosa rusa estuvo dominada casi completamente por hombres, que fueron leonizados y convertidos en héroes nacionales. De sus mujeres se esperaba que se dedicaran a cultivar el genio de sus maridos, un papel que muchas jugaron con gran empeño.

El modelo quedó establecido por los Dostoievski y los Tolstoi. Sofía Tolstoi hacía copias de los trabajos de su marido, de sus diarios y sus cartas, trabajando en ellos hasta bien entrada la noche después de haber pasado el día cuidando de la casa y de sus 12 hijos. Además le sirvió de musa, siendo ella la fuente de inspiración para la historia de amor entre Kitty y Levin en Anna Karenina

Dostoievski le dictó Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov a su mujer Anna, dándole a muchos de sus personajes cualidades que venían de ella. "Fyodor Mikhailovich fue mi ídolo, mi dios", escribió Anna, eternamente entregada incluso tras haber hecho de enfermera durante su adicción al juego, que la terminó hundiendo en la miseria. 

Estos arquetipos fueron imitados, en ocasiones de manera consciente, por futuras parejas. Antes de su matrimonio, Tolstoi le dio por escrito a Sofía una relación de sus previas aventuras sexuales, incluyendo el relato que cuenta cómo se contagió de gonorrea tras acostarse con una prostituta, un episodio que recrearía después en Anna Karenina. Nabokov, que idoltraba a Tolstoi, hizo exactamente lo mismo con su mujer Vera. 

Vera y Vladimir Nabokov

Algunas de estas mujeres llegaron incluso a arriesgar sus vidas por el trabajo de sus maridos. 

Es el caso de Natalia Solzhenitsyn (en la foto, junto con Alexander). Ella conoció a su futuro marido a los 28 años, cuando preparaba su doctorado, y él ya era famoso por Un día en la vida de Ivan Denisovich. Además de realizar un extensivo trabajo de investigación para sus novelas históricas, de editar y recopilar sus obras, Natalia llevó y diseñó todo el contrabando de sus trabajos al Oeste, preservando The Gulag Archipelago y otros textos cruciales.

Muchas continuaron trabajando para sus maridos cuando ya fueron viudas. Yelena Bulgakov luchó incansablemente para asegurarse de que El maestro y Margarita fuese publicado tras la muerte de su marido. Además, el personaje de Margarita estaba inspirado en ella.   Por otro lado, tras la muerte del poeta Osip Mandelstam en un campo en Siberia, Nadezhda (en la imagen de la derecha) movió su archivo secreto a través de la toda la Unión Soviética. También escribió dos muy buenos libros de memorias: "Esperanza contra esperanza", y "Esperanza abandonada". 

Aquellas  relaciones llegaban a ser devoradoras. Tal y como lo puso Nabokov, él y Vera tenían "la misma sombra". Dostoievski, Mandelstam y Nabokov, todos afirmaron que no eran capaces de escribir si ellas no se encontraban cerca. 

Según cuenta la poeta Anna Akhmatova tras conocer a  Mandelstam y Nadezhda, "él no la permitía que se mantuviese fuera de su vista, era un celoso enfermizo, y le pedía consejo sobre cada palabra de sus poemas. Nunca había visto nada igual". 

Pero también algunas de estas mujeres encontraron que esta autoinmolación era llegar demasiado lejos. Sofía Tolstoi pintaba y escribía. Su marido tomó prestado de una de sus novelas de juventud el nombre para la heroína de Guerra y Paz: Natasha. Y en medio de la conversión religiosa de él, Sofía comenzó a lamentar su devoción. En su libro de memorias Mi vida, que no se publicó hasta 2010, escribió: "Todos me preguntan: ¿por qué una mujer sin valor como tú necesita una vida artística o intelectual? A esta pregunta solo puedo responder: No lo sé, pero suprimirlo eternamente para servir a un genio es una gran desgracia."


Yelena y Mikhail Bulgakov

Cuando Sofía cedió su papel como confidente al discípulo de Tolstoi, Vladimir Chertkov, se encontró con que la habían excluido completamente de su círculo. Sus acólitos incluso se negaron a permitirle que se acercara a su lecho de muerte. Por culpa de la influencia de Chertkov, ella sería retratada durante mucho tiempo como una "mujer pañuelo incapaz de apreciar el genio moral de Tolstoi", según afirma Andrew Kaufman, autor de Comprendiendo a Tolstoi.


Pero según Kaufman estas actitudes están cambiando. "Ahora los rusos empiezan a estar  listos para humanizar e incluso criticar a sus grandes figuras, descubriendo sus fallos e hipocresía moral. La antipatía general hacia el extremismo moral de Tolstoi y hacia cómo éste trataba a su mujer e hijos, forma parte de esta  tendencia". 

"Hoy día hay grandes escritoras rusas como Lyudmila Petrushevskaya y Tatyana Tolstaya, que están adquiriendo fama mundial, con lo que este tipo de relaciones parece que empiezan a formar ya parte del pasado", afirma Popoff en su libro The Wives: The Women Behind Russia's Literary Giants. 


Pero entonces, uno no sabía dónde empezaba y dónde terminaba esa colaboración. Y estas mujeres forman una parte fundamental de la Literatura rusa. 

Descubierto un relato inédito de William Faulkner


Tras años y años de estudios alrededor de la figura de William Faulkner, y cuando parecía que ya no se podía saber nada nuevo sobre él, el New York Times aparece con un reportaje en el que se habla de un nuevo descubrimiento: un manuscrito sin publicar que data de sus comienzos como escritor, y un montón de cartas a su mujer Estelle. Faulkner  escribió la historia en la parte posterior del papel con membrete de la Universidad de Mississippi, un ejercicio temprano de ficción escrito sobre el viaje de un cazador de pieles a una gran ciudad. Sus 13 páginas, escondidas en una vieja caja y olvidadas en un granero en la granja familiar de Faulkner en Charlottesville, Virginia, fueron descubiertas el año pasado, y ahora serán subastadas por Sotheby's.  

vía: The New York Times

16.3.13

"Dream #7", un corto muy corto de David Lynch

Todos los trajes que llevó Robert De Niro en "Casino"


Vídeo: John Cage hablando sobre el silencio

Mi vecino Andrés

Fotografía de Gari Garaialde


Mi vecino Andrés es un hombre de 83 años. Vive en el último piso del edificio, en una casa estudiadamente destartalada. Tiene un dormitorio pequeño en el que apenas cabe su cama, cubierta con varias mantas. Después un cuarto de estar muy amplio que él ha dividido en dos estancias a través de una estantería repleta de libros, algunos abiertos, todos muy usados, y con tanto movimiento que parece que estuviera viva. En un lado tiene un viejo televisor con la pantalla cubierta por una gruesa capa de polvo, y frente a ella, un sofá desvencijado. Al otro lado hay una mesa enorme con botes de cristal llenos de líquidos de colores, latas de pintura y enormes cuchillos de carnicero. 
Andrés trabaja recreando las vísceras y los órganos internos de los pacientes que aparecen en una serie de televisión sobre médicos cirujanos. Antes era maestro. 
Cada mañana se levanta temprano para ir al mercado, y solemos coincidir en la escalera, ya que el ascensor del edificio lleva años estropeado. 
- Buenos días, Andrés. ¿Al mercado?
- Sí, hoy tengo que encontrar una pieza para terminar un riñón, ayer la estuve buscando  en el mercado de San Antonio, pero no encontré nada que me sirva, así que tengo que seguir buscando. 
- Han abierto un nuevo bar de tapas y embutidos en el barrio, a lo mejor allí encuentras algo.
- Iré a mirar. ¿Mucho trabajo? Anoche vi que tenías la luz encendida a las 4 de la mañana.
- Que va, demasiado poco. Estuve leyendo hasta tarde y dándole vueltas a la cabeza. 
- Eso no es bueno. Pásate luego a comer a casa y me cuentas. 
También me lo suelo encontrar por el vecindario, siempre rastreando en ferreterías, talleres y contenedores con restos de obras. Mantiene un horario estricto y un recorrido fijo, que termina con un carajillo en el bar de abajo, antes de subirse a trabajar a casa, a las 2 de la tarde. Siempre mantiene la misma conversación anodina con el resto del barrio. Porque Andrés no se mete jamás en la vida de nadie. Pero si alguien le comenta que ha estado en un bar con unos amigos, sea lo que sea lo que le estén contando, él siempre interrumpe la narración para preguntar: ¿Y qué te pusieron de tapa?

11.3.13

¿Por qué se suicidó Virginia Woolf?




El día que Virginia Woolf se suicidó, un viernes 28 de marzo de 1941, su marido Leonard estuvo tratando de mantenerla ocupada, sabiendo que no se encontraba bien y necesitaba estar distraída. Pero, aunque tenía miedo de que sufriera una grave recaída en su depresión hasta el punto de estar al borde del suicidio, la dejó espacio y le permitió estar fuera de su vista en algunos momentos, porque sabía que si se sentía encerrada se estresaría aún más y no quería agobiarla.

Según la autobiografía de Leonard, la decisión de no tenerla bajo vigilancia constante de enfermeras o cuidadoras "fue un error que llevó al desastre".

Aquel día ya empezó mal. Louie Mayer, el ama de llaves, más tarde afirmó que había estado charlando con Virginia en su dormitorio aquella mañana porque "parecía que tenía uno de sus malos días otra vez".

Louie más tarde explicó que mientras realizaba las tareas de la casa, Leonard le pidió que le diera a Virginia un plumero para que le ayudara a limpiar, según el libro Leonard Woolf: A biography. Aquella actividad no duró mucho y Virginia dejó el plumero en seguida para retirarse a escribir a su cabaña en el jardín de atrás de la casa.

Tratando de mantener la vista en ella, Leonard la fue a ver sobre las 11 a.m. y la encontró escribiendo algo. Virginia le comentó que iba a hacer algunas labores y que después saldría a dar un paseo antes de comer. Entonces los dos regresaron juntos a la casa y Leonard le dijo que se tumbara media hora a descansar mientras él se iba a su estudio a trabajar.


Cuando subió Leonard al piso de arriba, Louie afirmó haber visto a Virginia regresar a su cabaña, después volver a la casa, ponerse su abrigo de piel y las botas Wellington, coger el bastón que utilizaba durante sus paseos, y salir por la puerta. 
Hermoine Lee, la biógrafa de Woolf, sospecha que fue durante el primer viaje a la casa con Leonard o en la segunda ocasión en que entró a recoger el abrigo, cuando Virginia dejó sus cartas de suicidio a Leonard y a su hermana Vanessa, sobre la mesa del cuarto de estar del piso de arriba. Además dejó una segunda carta para él en el escritorio de su cabaña, pero no está claro cuándo lo hizo.

Cuando Virginia salió por la puerta principal, pasó por delante de la iglesia de camino al río Ouse. Bert Skinner, un residente del pueblo, la vio pasar pero no observó nada extraño en su conducta. Unos 20 minutos antes del mediodía, el granjero John Hubbard también la vio pasear de camino al río pero no le sorprendió, aunque normalmente la veía por las tardes. Aquella sería la última vez que alguien vería viva a Virginia Woolf.

A la 1 p.m. Louie hizo sonar la campana que anunciaba la comida. Leonard escribiría más tarde en su biolgrafía: "Yo estaba en el jardín y pensaba que ella estaba en la casa". Cuando Leonard subió al cuarto de estar a escuchar las noticias, encontró las cartas de suicidio. Al leer la que iba dirigida a él, corrió escaleras abajo: "¡Louie! ¡Creo que algo le ha sucedido a la señora Woolf! ¡Creo que ha intentado suicidarse!".

Leonard buscó por toda la casa y el jardín, mientras Louie corrió en buscar de Percy Batholomew, un amigo, que a su vez llamó a Wilfred Collins, el policía del pueblo. Inmediatamente salieron disparados hacia el río, puesto que eran bien conocidos los paseos de Virginia por allí. Leonard descubrió sus huellas y las de su bastón, pero ni rastro de ella. Algunos hombres se lanzaron al agua en su busca.

Según lee, Leonard pensó que Virginia podría estar en unas ruinas que ellos llamaban "Bad Misery", así que él y Louie fueron a mirar. Buscaron por todos lados durante horas, hasta que llegó la noche y tuvieron que regresar. Apareció Vanessa y Leonard le comunicó la tremenda noticia. "Desde entonces, todos y cada uno de los días Leonard apuntaba en su diario los kilómetros que le hacía al coche, incluyendo los de ese día cuando llevó a Vanessa de regreso a Charleston. Después hay un espacio en blanco con una mancha amarillenta que se ha tratado de borrar. Podría ser café, té o lágrimas. Es la única mancha que hay en todo este diario que mantuvo durante años."

Aquella tarde Leonard encontró la segunda carta de suicidio que Virginia le había dejado en su cabaña. La estudió cuidadosamente y pensó que era lo que le había visto escribir aquella misma mañana cuando fue a verla:

"Querido,

Quiero que sepas que me has dado felicidad absoluta. Nadie podría haber hecho más de lo que tú has hecho. Por favor, creélo.

Pero sé que nunca me voy a recuperar de esto: y estoy desperdiciando tu vida. Es una locura. Nada de lo que nadie me pueda decir me va a persuadir. Puedes trabajar, estarás mucho mejor sin mí. Ya ves que ni siquiera soy capaz de escribir esto, lo que demuestra que tengo razón. Todo lo que quiero decir es que hasta que esta enfermedad apareció, éramos perfectamente felices. Todo fue gracias a ti. Nadie podría haber sido tan bueno como has sido tú, desde el primer día hasta ahora. Todo el mundo sabe eso.
V."
El cuerpo de Virginia Woolf fue encontrado tres semanas después, arrastrado por la marea, cerca del puente de Southease.


Cuando la prensa anunció el fallecimiento de Virginia Woolf en abril de 1941, el Sunday Times of London publicó después un artículo sobre la escritora titulado "Ya no puedo continuar- el último mensaje de Virginia Woolf", en el que el forense que certificó la causa de su muerte como suicidio citó su nota erróneamente, leyéndola como "tengo la sensación de que me voy a volver loca de nuevo y ya no puedo continuar en estos tiempos tan terribles", sugiriendo que Virginia se había matado por culpa de la guerra entre Inglaterra y Alemania. El forense continuó diciéndole a los periodistas: "La señora Woolf era sin lugar a dudas de una extremada sensibilidad y se sentía más responsable que la mayoría de la gente ante la brutalidad de los hechos que están ocurriendo en el mundo en la actualidad." 

El domingo siguiente, el periódico publicó una carta de Kathleen Hicks, mujer del obispo de Lincoln, que desencadenó un ataque hacia los supuestos motivos del suicidio de la escritora: "Mucha gente, incluso más sensible, lo ha perdido todo y ha visto verdaderas atrocidades, y aun así toman parte de forma muy noble en esta lucha de Dios contra el demonio. ¿Dónde han quedado nuestros ideales de amor y fe? ¿Y dónde estaríamos si escuchamos y simpatizamos con este "ya no puedo continuar"?." 

Leonard, el marido de Virginia, se sintió profundamente indignado. Tenía la sensación de que la prensa estaba convirtiendo la muerte de su mujer en una muestra de rendición. Furioso, escribió una carta al Sunday Times para aclarar el tema: 


"Siento que no puedo permitir silenciosamente que se mantenga como verdad el hecho de que Virginia Woolf se suicidó porque no podía afrontar "estos momentos terribles" por los que todos estamos pasando. Porque esto no es verdad. Los periódicos ponen en su boca palabras como "Siento que no puedo soportar más estos momentos terribles", pero esto no es lo que ella escribió. Las palabras que ella escribió fueron: "Estoy convencida de que me estoy volviendo loca de nuevo. Siento que no podemos volver a pasar por terribles momentos como aquellos. Y no me recuperaré esta vez". Sufrió una depresión hace unos 25 años; los viejos síntomas volvieron a aparecer unas tres semanas antes de que terminara con su vida, y pensó que esta vez no mejoraría.  Como todo el mundo, ella también sufría por los acontecimientos de la guerra, y el regreso de su enfermedad sin duda tiene que ver con ese estrés. Pero las palabras de su carta y todo lo que ella siempre dijo prueban que se suicidó, no porque "ya no pudiera más", sino "porque se estaba volviendo loca y no se iba a reponer esta vez". 

Desgraciadamente, la carta de Leonard no sirvió de mucho. De hecho, Time Magazine publicó en su número del 5 de mayo de 1941 una reproducción de la carta con la interpretación errónea dada por el forense.

No cabe ninguna duda que la Segunda Guerra Mundial afectó a Virginia Woolf, pero no hay ninguna prueba de que decidiera terminar con su vida por ello. Hoy día, el hecho de que se suicidara ha conseguido tapar muchos aspectos de su vida y su trabajo. Debido a su enfermedad mental y a su muerte, Virginia muchas veces aparece como un ser triste, un personaje trágico cuando, de hecho, fue una mujer valiente, divertida y feliz, que vivió una vida larga y plena. Vivió hasta casi los 60, tuvo un largo y feliz matrimonio, sobrevivió a la muerte de muchos de sus amigos y parientes y consiguió, a pesar de sus esfuerzos por luchar contra su enfermedad, realizarse en la carrera que ella quiso. 

7.3.13

Los dibujos de Sylvia Plath

La Mayor Gallery de Londres ha expuesto recientemente 44 bocetos en pluma y en tinta de Sylvia Plath, que capturan su "más profunda fuente de inspiración": arte. Los dibujos, sorprendentemente hábiles, revelan no sólo una atención excepcional del icono literario al detalle, sino también una especie de curiosidad introspectiva sobre el mundo, desde la naturaleza hasta la arquitectura, y desde la intimidad hasta la vida pública.















Vía: Brain Pickings


Martin Scorsese habla sobre Oliver Stone

1.3.13

La agenda de direcciones de Marlon Brando


Vía

Preciosa cita manuscrita de Henri Cartier-Bresson

Maravillosa cita de Henri Cartier-Bresson escrita de su propia mano para el prefacio del libro I Tempi di Roma” (Edizioni Bolis, Italia, 2000). Dice: 

"El tiempo corre y fluye y solo la muerte puede detenerlo. La fotografía es una cuchilla de guillotina que incrusta un instante deslumbrante en la eternidad".

Manuscrito de Dylan Thomas

Se trata del manuscrito de una de las páginas del poema "In the White Giant's Thigh".

Vía: fuck yeah manuscripts

"The Committee", película de culto británica de 1968 con banda sonora de Pink Floyd

Prince en The Muppet Show

"The man who shot the Sixties", documental sobre el fotógrafo del pop Brian Duffy

THE MAN WHO SHOT THE SIXTIES from CHRIS DUFFY on Vimeo.

Vía: dangerous minds