29.9.13

Testimonio sobre la dispersión, de un chaval de 22 años, hijo de un preso político vasco

Distancia en kilómetros: Donostia/San Sebastián - Santoña (Cantabria) 166 km
Hijo de un preso político vasco.
22 años.

Coste por desplazamiento: Gasolina + Peajes + Desayuno = 80 euros

La situación especial, para mí, consta ya la mera acusación para encarcelar a mi padre. Pruebas injustificadas apalabradas con los partidos políticos. Juicio teatrero donde el veredicto estaba en la mano de Rubalcaba. Objetivo: parar nuestros pies, los pies del pueblo vasco y la vía política democrática.

El día de visita, un día de nervios. El día anterior, antes de acostarte, ya tienes tu corazón bombeando sangre como si no hubiera mañana. Miles de preguntas pasan por tu cabeza. ¿Qué tiempo hará mañana? ¿Habrá tráfico? ¿Cómo estará él? ¿Qué funcionarios estarán trabajando? ¿Quizás el borde?... son tantas preguntas sin respuesta... La hora de levantarse varía según la hora que hemos cogido nuestra visita. Siempre salimos 3 horas antes de la visita. 2 horas de viaje que pueden varias por el tiempo o el tráfico. Viajes que, por suerte, han tenido vuelta.

Coger el coche, la cartera, las ganas y nos vamos para la carretera. Mismo viaje, mismos paisajes. A los viajes se les define con una palabra: monotonía. El nuestro se basa en 5 puntos: 
  1. Pasar el peaje de Zarautz
  2. Conducir hasta la gasolinera de Itziar para comprar el periódico del día.
  3. Pasar de Gipuzkoa a Bizkaia hasta llegar al segundo peaje, el de Iurreta.
  4. Al querer más tranquilidad en la carretera optamos por ir por el "Super Sur", así le damos un uso a la obra mastodóntica que no tiene uso. 
  5. Tirar hasta Cantabria hasta ver el cartelito de "Santoña". Llegar al pueblo e ir a la misma cafetería de siempre, para pedir el mismo café de siempre.
En el Dueso (cárcel donde está secuestrado mi padre) las cosas son diferentes. En las cárceles españolas la visita corta o llamada por nosotros "locutorio",  dura 40 minutos, en esta cárcel dura 50 minutos. En esta visita no puedes establecer contacto físico con el preso. Entre tú y tu familiar/amigo hay un cristal grande, barrotes y un dichoso teléfono por donde habla él. Claro, habrá que grabar lo que habla, ¿no? Estas visitas se pueden hacer cada fin de semana.

La otra visita, para los familiares y pareja, llamada "bis a bis", dura 120 minutos en cárceles españolas, pero en ésta dura 90 minutos. En ella estableces contacto físico con el preso, en un cuartucho pequeño infestado de micrófonos. El preso puede obsequiarnos con comida comprada por él en su supermercado de la cárcel, o llamado "economato". Son 2 "bis a bis" en cada mes, uno familiar (pueden ir hasta 4 familiares) y otro íntimo (pareja de hecho del preso).

Cuando llegamos a la puerta de la cárcel parece que se nos abre el infierno. Una puerta de 5 metros de altura donde un guardia civil solo tiene que pulsar un botón en todo el día para abrirlo. Dentro, nos piden la huella y el DNI. Nos llaman para entrar, ponemos el dedo para identificar y pasamos el detector de metales. ¡Y nos vamos para arriba que nos están esperando!

Ya pueden ser 50 o 90 minutos, que a mí se me pasan volando. Hablas de todo pero de nada. Habla él de sus cosas, nosotros de las nuestras. Que si la familia, política (como no), deporte... Él de sus clases de inglés, del partido de pala que jugó, el estado de los presos políticos vascos de esta carcel... 1000 temas que tienes que hablar en poco más de una hora y media o 50 minutos.

Te despides, entre lágrimas y sonrisas, con la coletilla de "espero que en la siguiente visita sea para sacarte de este sitio". Abrazos revolucionarios que rompen el silencio. Miradas que hablan por sí solas. El funcionario te cierra la puerta en los morros, mientras levantas el puño con tal rabia que derrumbarías las paredes de la cárcel. Se acabó.

Ya os he dicho que esta carcel es diferente. Al salir de esa jaula, nos paramos a ver cómo sube las escaleras nuestro querido padre, con el paquete lleno de ropa y prensa. Escaleras que no acaban. Silvas con fuerza y te despides por última vez. Él te devuelve el saludo y se desvanece en la distancia.

Entras en el coche, con una sonrisa de par en par. Pero por dentro piensas de todo, siembras utopías, ideas de volver solo por una última vez. No pisar este sitio en los próximos 50 años, por lo menos. Que esta pesadilla se acabe ya.

Este es el viaje a Santoña. Pero a parte de esta cárcel "especial", he conocido dos jaulas más: Estremera y Soto del Real. Dos carceles de Madrid. En la segunda, por suerte, estuvo tres días y nos dio tiempo para hacer una visita. Una anécdota que nunca me gusta recordar, es que coincidí con los familiares del asesino de Aitor Zabaleta.

La otra cárcel, donde estuvo 6 meses y medio secuestrado mi padre, es un infierno de cárcel. A 515 kilometros de Donostia y 5 horas en coche. Treintena de visitas que hice, unas solo para acompañar a mi madre. Salíamos los viernes y volvíamos los sabados. Donde los nervios te quitaban salud, donde la carretera te comía.

En medio de un desierto, la susodicha cárcel era un bloque de hormigón gris. Un sitio hóstil, sin vida, terrorífico. Llegabas y lo primero el control de la Guardia Civil (20 minutos nos tenían siempre esperando). Entrabas, aparcabas y nos identificaban. Hora de pasar dentro. Nos paran, fuera camiseta, fuera pantalones. Un par de veces les he enseñado mis Calvin Klein a los funcionarios. Abren una puerta, cierran otra. Pasas a otra sala, abren una puerta, cierran otra. Pasas a otra sala, abren una puerta, cierran otra... y así. Al llegar a la sala de visitas, un sitio blanco, inanimado, vamos, un sitio de mierda. Era una tortura psicológica.

Anécdotas se pueden contar mil. En una visita nos hicimos amigos de un búlgaro majísimo. En otra casi echamos la puerta abajo por la tardanza de una visita y estar amenazados de una suspensión sin visita de 6 meses o más.

6 meses y medio después, tuvimos que recogerle a mi padre. El viaje de 5 horas se me pasó volando. Las ganas de verle libre eran una constante inquietud hasta verlo de verdad. Recogerle en la puerta de la carcel, con más de 10 cámaras de televisión esperando. Recogerle e irnos cagando leches de ahí. Dejarlo en un mero sueño, una pesadilla que nunca jamás se querrá recordar.

Un año y 4 meses, nos dicen que tiene que volver a la cárcel. Tres días de incomunicación hasta saber que estaba en Soto del Real. A la semana ya estaba en El Dueso, sin ningún preso político al lado (Las leyes dicen que mínimo tienen que haber 2 presos políticos juntos en una cárcel).

Pero para anéctoda, la anéctoda gorda es esta: El abuelo de mi padre estuvo encarcelado en El Dueso en la época sangrienta de Franco. Mi aita, mediante una carta para su pueblo, me hizo contarlo en un acto en Lasarte-Oria "El abuelo y yo, el hecho de estar en la misma cárcel, es una imagen de la lucha de nuestro pueblo. Una imagen que se ha visto en muchas casas. Una lucha de generaciones".

Este es el viaje a una cárcel. Torbellino de sentimientos. Combatiendo contra los nervios y los muros creados por el estado español y frances. Las ganas nunca cesan y nunca cesarán. Miles de historias transcurren cada fin de semana, escritas con lágrimas en las carreteras españolas y francesas. Miles de desplazamientos, miles de vueltas al mundo para ver nuestros seres queridos. La fuerza de los familiares de los presos políticos vascos se divide en tres partes: La fuerza transmitida por el preso, la fuerza de voluntad de la persona en sí y de las personas que nos rodean y nos animan, cada semana, a hacer kilómetros por nuestros seres queridos. No hay kilómetros que no podamos recorrer. No hay muros que no podamos escalar. No hay ilusiones que nos podais quitar. No hay sonrisas que nos podais borrar.

*Quiero dar un par de testimonios ajenos a mí. Justo he tenido una reunión con los presos políticos de Lasarte-Oria y he tenido el placer de conocerles un poquito.

La familia de Kepa Rezabal. 27 años en la cárcel de Lugo. Visitan cada mes a Kepa. Los dos "vis a vis" el mismo día. No se pueden permitir el lujo de dos viajes al mes hasta Lugo. 650 kilometros y 6 horas y media en coche.

La familia de Juankar Balerdi. 27 años (creo) en la carcel de Huelva. Su madre y un hermano fallecieron despues de una visita en un accidente de tráfico hace 10 años cuando estaba en Almería. Su padre fallecía hace un año con 83 años. Sus visitas son las de sus 2 hermanas y su mujer.

La familia de Ina Orotegi. 28 años en la cárcel de Zaragoza. Le acaban de inhabilitar las visitas a su madre por intentar pasar un bocadillo a su hijo. 6 meses de suspensión, sin poder visitar.

La familia de Xanti Arrospide. 27 años también en la cárcel de Zaragoza. Sus familiares temen la doctrina Parot y creen que los 3 años que faltan para que esté libre son mero espejismo.

La familia de Ibon Fernandez. 10 años en la cárcel Lannemezan (Francia). Gravemente enfermo.

La familia de Jabi Gallaga. Se fugó hace 30 años de Euskal Herria, fue detenido y se le mandó a la prisión de Cordoba. Su hermano repetía más de una vez: "Las ayudas (si hay) económicas son una segunda parte para nosotros. Lo que nos desgasta es en salud y en vida. Solo necesitas el clamor de las personas, para revivir de nuestras cenizas"

La familia de Sonia Jacinto. Encarcelada con mi padre el 13 de octubre de 2009. No tiene ninguna presa política en su carcel (Estremera).

La familia de Arkaitz Rodriguez. Encarcelado con mi padre el 13 de octubre de 2009. Ha tenido que ser trasladado desde la cárcel de Logroño a la cárcel de Donostia para mirarle una enfermedad rara. Ha tenido que esperar más de un año hasta aceptar el traslado. Un año de agonía, sufrimiento y dolor. Un año a pastillazos.

En este otro post puedes leer dos testimonios más sobre la dispersión. 

28.9.13

el local


Llevaba muchos años comiendo en ese lugar. Allí había compartido cigarrillos, botellas de vino, platos de pasta y alguna conversación vulgar. A veces también iba solo, leía la prensa, miraba por la ventana y veía la gente pasar. Tenía camisas manchadas de salsa, servilletas en los bolsillos con el nombre del local.
Un día, nada más entrar, el dueño quiso hablar con él. En privado, le dijo. Le siguió hasta un almacén destartalado, y allí se lo comunicó. Iban a cerrar el local, pero no sin antes devolverle lo que era suyo. Le entregó una polvorienta caja de cartón, y se despidieron tristemente.
Hasta la noche no pudo tener la suficiente tranquilidad para abrir la caja. Estaba llena de fotografías de desconocidos sentados en aquel local. Todos manchados de salsa, mirando por la ventana, viendo a la gente pasar.

El estudio de Lucian Freud



escribir

A veces, para escribir, me pongo una canción. Entonces describo lo que me va saliendo, como un estado mental que tengo que exagerar para que pueda ser descrito. Algunas canciones me ponen increíblemente triste, pero esa tristeza sin lágrimas, que te mueve a torcer lo que te viene dado, como si cogieras una gota de agua y la pusieras en tu cara fingiendo llorar. Una tristeza que te inventas y promueves, porque la alegría es mucho más difícil para mí de describir.

JD Salinger



hipo

Tengo hipo. Así, de repente. Desde hace un rato. Y no puedo pensar en otra cosa. Pero a veces bostezo también. Y fumo. Y he echado el humo en pleno bostezo, me ha salido hipo, y me he atragantado. Entonces al toser, con otro hipo, he hecho un rugido muy raro. Como de animal grande y peludo. Y justo ha venido alguien. Y me mira raro. Y yo sigo tosiendo, con hipo, y con público. Así que me da la risa. Y cuando me río con hipo sueno como un cerdo. Y cuando fumo, parezco un jabalí. Y no puedo parar de reirme. Y hay uno que no para de mirarme, riéndome, rugiendo y echando humo por la nariz.

En Barcelona

Estoy en Barcelona. He huido del trabajo a la hora de comer. Quería ir sola a un sitio al que tenía ganas de volver. A hablar con el dueño. Pero está cerrado. El dueño está comiendo en el bar de enfrente. Yo estoy cerca de él. Me ha saludado y todo eso, pero no me vale. Quería estar dentro, revolviendo cosas, escuchando su música, y hablando con él.

El estudio de Joan Miró


Appalachian mountain riders deliver books through the Works Progress Administration (WPA) of the 1930s


Gay Talese at work


18.9.13

Michel Foucault en una manifestación en apoyo a trabajadores inmigrantes en París, 1973

vía

Aleksandr Solzhenitsyn’s Gulag Photo.


Monet en su primer estudio


escenas de mi vida


Llevo toda la mañana eligiendo las peores escenas de mi vida por si, en caso de accidente, viene algún gracioso y me coloca el vídeo de los mejores momentos.


una noche cualquiera


Recupero mi vida con mi perro. Camino con él tranquilamente por el barrio. Ya es de noche. La luz de las farolas esconde las imperfecciones de la Plaza de Oriente, y parece que camino por la postal de una ciudad austríaca. Corre un poco de aire fresco y escucho a lo lejos al hombre calvo y serio que toca tan bien la guitarra. El que jamás levanta la mirada. Paso de largo y camino hacia la cúpula iluminada de San Francisco el Grande, ladeando La Almudena, lentamente, despacio. Escucho su música, que va evaporándose a medida que me alejo y miro a través de los cristales que han puesto para evitar que siga suicidándose la gente, tirándose desde el viaducto a la calle Segovia. Están llenos de huellas dactilares, pero es bonito ver las luces a lo lejos. Me pregunto dónde vivirá V. Levanto la vista hacia las ventanas iluminadas y busco una, cualquiera en la que me lo pueda imaginar trasteando. De vuelta, recupero poco a poco el sonido de la guitarra. Paso por delante y, esta vez, me acerco y le echo una moneda. Y él, por fin, levanta la mirada y me sonríe, descubriéndome otra cara, una que desconocía. Avanzo hasta llegar al coche de la guardia civil que siempre mancha la puerta del Palacio Real, y me desvío un poco por si explota. Continúo hasta los Jardines de Sabatini. Hay un hombre solitario apoyado en la barandilla, mirando a los lejos. Es un hombre guapo, muy moreno, quizás extranjero. A los pocos pasos descubro el estanque iluminado y me quedo un rato observando desde arriba el trazado de los jardines. De noche todo es más bonito. Y no hay nadie. Pero me da la sensación de haber escuchado algo. Presto atención. Un chillido. Será fuera del parque. Otro chillido. Nah, no puede ser. Vuelvo sobre mis pasos y camino junto al hombre guapo. A mi paso, escucho cómo aspira y en seguida escupe ruidosamente en el suelo. Me vuelvo hacia casa, tranquilamente, despacio. Todo está bonito. De noche y sin gente, a veces todo es mucho más bonito.

Marc Chagall en su estudio


vía

Dos cuadernos de Van Gogh



vía: My imaginary Brooklyn

2.9.13

La vida secreta de tanta gente



Tengo un amigo cuya mujer no me conoce y teme que haya algo que no hay entre nosotros. Para ahorrarse explicaciones, quedamos en secreto. A veces nos reunimos también con una amiga cuyo marido piensa que la voy a animar peligrosamente a hacer lo que a ella le apetezca, así que le miente. Le cuenta que queda con sus amigas casadas, a las que en realidad no ve jamás, porque están demasiado ocupadas con sus vidas clandestinas. Cenamos los tres ayer, y la verdad, me aburrí bastante. Porque estaba cansada, porque no era mi día, porque yo no tengo necesidad de esconderme, y porque estoy harta, muy harta, de formar parte de la vida secreta de mentira de tanta gente.

El huevo de la serpiente (Alemania Occidental 1977)

1.9.13

extranjera

Hoy me he despertado extranjera. Totalmente turista. Incluso tengo el cuerpo achicharrado de tanto sol y parezco un cerdito. Así que cojo mi cámara, mi camisa de palmeras, mi pasaporte, y me echo a la calle a hacer bulto. Fotografío aquí y allá, aunque estoy harta de ver estos edificios. Camino sonriendo, para que se sepa que vengo en son de paz, que disfruto con lo que veo. Saco un mapa y pregunto por mi calle, y me compro una camiseta de Raúl. Busco un McDonalds donde sentirme como en casa, y se me acerca una anciana extanjera diciéndome que salga a toda prisa, que me están esperando todos en el autobús.

hoy


Hoy me he despertado veinte años más vieja. La cama estaba fría, no había ni luz ni gas. La casa estaba cubierta por una capa de polvo y fuera el viento soplaba, el tráfico chillaba y me he vuelto a acostar.

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