Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de septiembre, 2013

Julio Cortázar

Truman Capote dancing with Marlyn

Testimonio sobre la dispersión, de un chaval de 22 años, hijo de un preso político vasco

Distancia en kilómetros: Donostia/San Sebastián - Santoña (Cantabria) 166 km
Hijo de un preso político vasco.
22 años.

Coste por desplazamiento: Gasolina + Peajes + Desayuno = 80 euros

La situación especial, para mí, consta ya la mera acusación para encarcelar a mi padre. Pruebas injustificadas apalabradas con los partidos políticos. Juicio teatrero donde el veredicto estaba en la mano de Rubalcaba. Objetivo: parar nuestros pies, los pies del pueblo vasco y la vía política democrática.

El día de visita, un día de nervios. El día anterior, antes de acostarte, ya tienes tu corazón bombeando sangre como si no hubiera mañana. Miles de preguntas pasan por tu cabeza. ¿Qué tiempo hará mañana? ¿Habrá tráfico? ¿Cómo estará él? ¿Qué funcionarios estarán trabajando? ¿Quizás el borde?... son tantas preguntas sin respuesta... La hora de levantarse varía según la hora que hemos cogido nuestra visita. Siempre salimos 3 horas antes de la visita. 2 horas de viaje que pueden varias por el tiempo o el t…

el local

Llevaba muchos años comiendo en ese lugar. Allí había compartido cigarrillos, botellas de vino, platos de pasta y alguna conversación vulgar. A veces también iba solo, leía la prensa, miraba por la ventana y veía la gente pasar. Tenía camisas manchadas de salsa, servilletas en los bolsillos con el nombre del local.
Un día, nada más entrar, el dueño quiso hablar con él. En privado, le dijo. Le siguió hasta un almacén destartalado, y allí se lo comunicó. Iban a cerrar el local, pero no sin antes devolverle lo que era suyo. Le entregó una polvorienta caja de cartón, y se despidieron tristemente.
Hasta la noche no pudo tener la suficiente tranquilidad para abrir la caja. Estaba llena de fotografías de desconocidos sentados en aquel local. Todos manchados de salsa, mirando por la ventana, viendo a la gente pasar.

El estudio de Lucian Freud

escribir

A veces, para escribir, me pongo una canción. Entonces describo lo que me va saliendo, como un estado mental que tengo que exagerar para que pueda ser descrito. Algunas canciones me ponen increíblemente triste, pero esa tristeza sin lágrimas, que te mueve a torcer lo que te viene dado, como si cogieras una gota de agua y la pusieras en tu cara fingiendo llorar. Una tristeza que te inventas y promueves, porque la alegría es mucho más difícil para mí de describir.

JD Salinger

hipo

Tengo hipo. Así, de repente. Desde hace un rato. Y no puedo pensar en otra cosa. Pero a veces bostezo también. Y fumo. Y he echado el humo en pleno bostezo, me ha salido hipo, y me he atragantado. Entonces al toser, con otro hipo, he hecho un rugido muy raro. Como de animal grande y peludo. Y justo ha venido alguien. Y me mira raro. Y yo sigo tosiendo, con hipo, y con público. Así que me da la risa. Y cuando me río con hipo sueno como un cerdo. Y cuando fumo, parezco un jabalí. Y no puedo parar de reirme. Y hay uno que no para de mirarme, riéndome, rugiendo y echando humo por la nariz.

En Barcelona

Estoy en Barcelona. He huido del trabajo a la hora de comer. Quería ir sola a un sitio al que tenía ganas de volver. A hablar con el dueño. Pero está cerrado. El dueño está comiendo en el bar de enfrente. Yo estoy cerca de él. Me ha saludado y todo eso, pero no me vale. Quería estar dentro, revolviendo cosas, escuchando su música, y hablando con él.

El estudio de Joan Miró

Appalachian mountain riders deliver books through the Works Progress Administration (WPA) of the 1930s

Gay Talese at work

Michel Foucault en una manifestación en apoyo a trabajadores inmigrantes en París, 1973

Aleksandr Solzhenitsyn’s Gulag Photo.

Monet en su primer estudio

escenas de mi vida

Llevo toda la mañana eligiendo las peores escenas de mi vida por si, en caso de accidente, viene algún gracioso y me coloca el vídeo de los mejores momentos.


una noche cualquiera

Recupero mi vida con mi perro. Camino con él tranquilamente por el barrio. Ya es de noche. La luz de las farolas esconde las imperfecciones de la Plaza de Oriente, y parece que camino por la postal de una ciudad austríaca. Corre un poco de aire fresco y escucho a lo lejos al hombre calvo y serio que toca tan bien la guitarra. El que jamás levanta la mirada. Paso de largo y camino hacia la cúpula iluminada de San Francisco el Grande, ladeando La Almudena, lentamente, despacio. Escucho su música, que va evaporándose a medida que me alejo y miro a través de los cristales que han puesto para evitar que siga suicidándose la gente, tirándose desde el viaducto a la calle Segovia. Están llenos de huellas dactilares, pero es bonito ver las luces a lo lejos. Me pregunto dónde vivirá V. Levanto la vista hacia las ventanas iluminadas y busco una, cualquiera en la que me lo pueda imaginar trasteando. De vuelta, recupero poco a poco el sonido de la guitarra. Paso por delante y, esta vez, me acerco…

Marc Chagall en su estudio

Dos cuadernos de Van Gogh

Partes del cuerpo

Hay partes del cuerpo que parece que solo existen para dolerte. 

a veces

A veces busco a alguien que no me haya hecho nada, para vengarme.

La vida secreta de tanta gente

Tengo un amigo cuya mujer no me conoce y teme que haya algo que no hay entre nosotros. Para ahorrarse explicaciones, quedamos en secreto. A veces nos reunimos también con una amiga cuyo marido piensa que la voy a animar peligrosamente a hacer lo que a ella le apetezca, así que le miente. Le cuenta que queda con sus amigas casadas, a las que en realidad no ve jamás, porque están demasiado ocupadas con sus vidas clandestinas. Cenamos los tres ayer, y la verdad, me aburrí bastante. Porque estaba cansada, porque no era mi día, porque yo no tengo necesidad de esconderme, y porque estoy harta, muy harta, de formar parte de la vida secreta de mentira de tanta gente.

El huevo de la serpiente (Alemania Occidental 1977)

extranjera

Hoy me he despertado extranjera. Totalmente turista. Incluso tengo el cuerpo achicharrado de tanto sol y parezco un cerdito. Así que cojo mi cámara, mi camisa de palmeras, mi pasaporte, y me echo a la calle a hacer bulto. Fotografío aquí y allá, aunque estoy harta de ver estos edificios. Camino sonriendo, para que se sepa que vengo en son de paz, que disfruto con lo que veo. Saco un mapa y pregunto por mi calle, y me compro una camiseta de Raúl. Busco un McDonalds donde sentirme como en casa, y se me acerca una anciana extanjera diciéndome que salga a toda prisa, que me están esperando todos en el autobús.

hoy

Hoy me he despertado veinte años más vieja. La cama estaba fría, no había ni luz ni gas. La casa estaba cubierta por una capa de polvo y fuera el viento soplaba, el tráfico chillaba y me he vuelto a acostar.