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Mostrando entradas de abril, 2015

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El cristal que siempre me ha separado del mundo en que yo quiero vivir, hoy está lleno de huellas dactilares por ambas partes.

Lavapiés 5

Hoy he vuelto a jugar un rato con el perro a la pelota en la calle que sube. Hasta que se le ha vuelto a colar en el garaje donde se le cuelan siempre. Entonces se ha puesto a mover el rabio con el cuello estirado, y un señor que paseaba a un bóxer me ha dicho:

- Bájate a la tienda nueva aquí, a la vuelta de la esquina, y dile a mi hijo que te de una pelota
- Muchas gracias, no se preocupe, si tenemos un montón en casa, vamos a por otra…
- Nada, tú baja, ya sabes la tienda que te digo, y hablas con mi hijo. Además las que tenemos son de las que suenan, que les gustan mucho más. Dile que vas de mi parte.

A mi perra esas pelotas le vuelven loca. Bajo a la tienda

- Hola, me dice tu padre… - y me doy cuenta de que los dos hombres tienen la misma edad…- que me regales una pelota de su parte para mi perra - ¡Será capullo!  - Bueno, perdón, yo… y me interrumpe  - ¡Que soy su hermano! 
Entra su mujer

- ¿Qué pasa?  - Nada, el gilipoyas de mi hermano. Que anda diciendo que soy su hijo.  - P…

Lavapiés 4

Lavapiés 3

Lavapiés 2

Hoy entré en una tienda de alimentación en Lavapiés a pedir cambio. El comerciante, un hombre de Bangladesh, me ha dicho que no tenía, pero otro con quien suelo charlar y que siempre está en la puerta, un hombre mucho más mayor, de origen senegalés, piel negra, pelo blanco, un cuerpo perfecto, una sonrisa muy dulce y de movimientos increíblemente elegantes, me ha dicho que él sí me cambiaba, me ha guiñado el ojo en señal de complicidad, ha cogido el billete, ha cruzado la esquina y ha desaparecido. Al cabo de varios minutos ha vuelto. Al llegar a mi altura me ha susurrado "entra", y me ha hecho seguirle hasta el fondo de la tienda. Hemos bajado unas escaleras, cruzado un largo pasillo subterráneo que terminaba en una especie de despacho de oficina que debe de servir al mismo tiempo para algún tipo de ritual religioso. Allí me he descalzado, me he tenido que cubrir la cabeza con un pañuelo, nos hemos arrodillado, y ya, por fin, el hombre me ha hecho entrega de forma ceremonio…

Lavapiés 1

Salgo del portal a callejear por el barrio con el perro. Al comenzar a subir por la siguiente calle que me encuentro a la derecha, me cruzo con una anciana sentada sobre un gigantesco televisor antiguo, mucho más grande que ella. Tiene el pelo de color violeta, un abrigo verde y un collar de bolas naranjas a juego con el pintalabios, que se le ha corrido, con lo que parece que sonríe permanentemente aunque los ojos no le acompañen. Le cuelgan las piernas sobre el aparato, que está boca abajo, con lo que el cristal de la pantalla da directamente contra el suelo. Me pregunto cómo habrá llegado hasta ahí semejante trasto. Avanzo muy despacio porque el perro hoy todo lo encuentra interesante. Al llegar a su altura: - Buenos días. ¿Le importaría decirle a mi marido, que está al principio de la cuesta, que baje? Es que yo sola no puedo subir con la tele.
- Por supuesto, ahora mismo se lo digo. Miro hacia arriba, aunque no veo a nadie. Sigo avanzando. Cruzo un parque infantil construido a ba…