21.9.15

Velocidad



La profesora más rápida del mundo escribiendo con tiza se fija en el profesor más rápido aparcando. Se acuestan el día más corto del año y ella tiene el embarazo más largo jamás contado. El niño nace y crece en un tiempo record. Desarrolla un olfato fuera de lo común, y descubre demasiado pronto que la vecina de enfrente es capaz de tener un orgasmo sólo con mirar. Se enamoran en cuestión de segundos, se casan, y no pueden tener hijos porque si él se le acerca, ella se pone a suspirar. Gime, resopla. Se dan cuenta en seguida. Van a tener que adoptar.

Hoy

Imagen de Ikor Kotx
Hoy me he conocido en el parque. Nos ha presentado un tal Javier. A mí me ha entrado la risa. Y a mí también.

Mi pasado



He decidido enfrentarme a mi pasado, plantarle cara, cantarle las cuarenta. Eso sí, con tacones. No vaya a ser que haya mejorado con los años y me lleve una sorpresa.

17.9.15

Eso que falta

Fotografía de Ikor Kotx
Esta mañana, sentada en un banco en el parque, tomaba un sol de mentira, un sol de invierno que decora pero no calienta. Intentaba vaciar mi cabeza de pensamientos, dejar de existir por un momento, o existir tanto que dejara de ser persona. He cerrado los ojos, deshinchando el peso de mi cuerpo, y el parque ha desaparecido unos momentos. Hasta que he notado una presión en los muslos. Al abrirlos lentamente, he descubierto a una anciana sentada en mis rodillas. Sus zapatos colgaban de mis piernas, su pelo me cosquilleaba la nariz, y su olor y su respiración han sido, por unos instantes, eso que le falta a mi vida.



16.9.15

Marcapasos



Me he puesto un marcapasos y cada vez que toso me cobra como una llamada local.

Camisa de fuerza


A veces cruzo los brazos para sujetarme. Para mantenerme recogida dentro de mi propio cuerpo y no largarme. A veces tengo tantas ganas de salir de mí, que me hago una camisa de fuerza con los brazos, y tengo que cruzar las piernas para no salir por abajo.

Memoria fotográfica




Tengo memoria fotográfica. Mi pasado son postales que me va enviando mi cabeza. Los sueños no los recuerdo. Supongo que le falta el flash a mi memoria fotográfica.

14.9.15

El Club de Los Que Llegan A Tiempo


Para entrar en el Club de Los Que Llegan A Tiempo tiene que hacer cola. A continuación tendrá que ir a una ventanilla. Allí esperar su turno hasta que consiga que alguien por fin le atienda. Le darán un formulario que tendrá que rellenar cualquier día impar de cualquier mes que empiece por A. Una vez conseguido esto, firmará un volante que deberá entregar en la recepción del Club de Los Que Se Dan Prisa para entrar en el Club de Los Que Llegan a Tiempo. Entonces le someterán a un jurado. Si conoce a alguien, tendrás más posibilidades de pasar el examen. En caso contrario, tendrá que esperar su turno. Una vez aceptado en el club, recibirá la notificación por correo urgente con una banda magnética que ha de rascar. Si aparece el número que corresponde a la fecha de su cumpleaños, bienvenido. Si el número coincide con el de su santo, habrá conseguido entrar en el club, antes que los que llegan a tiempo y deberá hacer una cola para que le entreguen su premio.

10.9.15

He pagado a un hombre para que se acueste conmigo



He pagado a un hombre para que se acueste conmigo. Le he pedido que me acariciara el cuello... el interior de mis muslos... Poco a poco he descubierto que lo hace bien, como a mí me gusta, y me he enganchado a él, a su servicio. Pero no me puedo permitir este gasto tan constante, así que he optado por prostituirme. Mi primer cliente resulta ser él, pero me engaña y se larga sin pagarme.

Vivir sola



Me he cruzado con un chico con el que de pronto me he imaginado viviendo. Viviendo desde hace tiempo. En una casa con mucha luz y desordenada. Con todos mis libros, su música, mi perro, su ropa... Levantándome por las mañanas corriendo a tomar el café, intentando no hacer ruido para no despertarle y tener que soportar su habitual mal aliento y sus ganas de discutir. Pero le he despertado. Y sí, hemos discutido. Y estoy tan harta de todo esto, que ya no recuerdo cómo era vivir sola. Me entran tantas ganas de recordarlo, que pego un portazo y me vuelvo a mi casa. A vivir sola.

Él nunca lo haría



Tengo un perro que unos días se levanta perro y otros se levanta vaca. Es curioso. No tiene un orden lógico. Así que cada mañana miro a ver qué tipo de animal se ha levantado. Cuando es perro no hay problema. Le doy una vuelta por la plaza para que cague y luego lo subo. Pero cuando es vaca... eso ya son palabras mayores. No cabe en el ascensor, así que bajamos por las escaleras vigilando que no salga en ese momento ningún vecino para que no proteste y se queje a la comunidad. Entonces la llevo a un parque donde arrasa con el césped mientras yo me avergüenzo ante las miradas de asombro y las carcajadas, y tengo que confesar que siempre me siento tentada a dejarla allí abandonada. Pero luego pienso: “pobre animal, él nunca lo haría”.
Así que unos días me siento una mujer liberada, en mi pequeño apartamento, compartiendo mi vida con un perro, y otros días soy una pobre granjera sin granja y con una vaca triste que no tiene espacio ni para respirar. Pero lo llevo bien. Lo uno es compensado por lo otro. Mi perro me adora, me saluda cuando llego, me ofrece su pelota para jugar... mientras que la vaca me mira deambular por el cuarto de estar, con ojos tristes, como diciendo: “Yo me iría, pero la verdad. Pobre animal. Él nunca lo haría”.

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