24.11.15

El dibujo que hizo Jack Kerouac para la portada de En la carretera



Jack Kerouac no quedó en absoluto contento con la portada que decidió colocarle a su primer libro el editor Harcourt Brace. Así, que cuando empezó a trabajar sobre su segunda novela, En el camino, Kerouac diseñó su propia cubierta, y en ella se puede leer la nota que incluyó a su nuevo editor, Wyn de A.A.:
Estimado Sr. Wyn: Aquí le presento mi idea para una portada atractiva, comercial y descriptiva del libro. La portada de "The Town and the City" era tan aburrida como el título y la foto de la solapa. La foto que me hizo Wilbur Pippin es perfecta para “En el camino” uno... y se vería como la cara de la figura de abajo. 
J.K.
El dibujo de Jack Kerouac nunca llegó a utilizarse, pero en este enlace puedes ver decenas de diferentes portadas de "En el camino" en distintos países. A mí me ha encantado esta edición holandesa.




19.11.15

Madrid me escupe


Esta mañana salí de casa con la intención de ir a ver una exposición de Miquel Barceló con Nacho en la calle Alcalá. De disfrutar de una mañana libre bajo este sol de invierno que decora pero no calienta. Salí de Lavapiés, crucé la plaza de Antón Martín, cogí la calle León, me choqué contra unos pies de alguien que se encontraba tirado en el suelo, le fui a pedir disculpas pero me di cuenta de que estaba durmiendo y no quise despertarle. La gente le pasaba por encima como si fuera parte del mobiliario urbano, como si fuera un tronco tumbado cruzado en medio de la acera. Yo también seguí caminando. Giré hasta cruzar la plaza de Santa Ana, llamé a Jacobo por si le daba tiempo a tomar un café, pero no me cogió el teléfono. Llegaba con media hora de antelación a mi cita en el museo, así que decidí dar una vuelta. La Puerta del Sol me deslumbró con ese aberrante árbol navideño metálico gigante repleto de logos. Con ese edificio entero envuelto en una lona inmensa que anuncia ropa prohibitiva de hombre. Con esos muñecos humanos de disfraces roídos, sucios, miserables.  Sonó mi teléfono, y nada más descolgar y escuchar la voz de Jacobo rompí a llorar. A llorar desconsoladamente. No podía moverme. No conseguía avanzar ni hacia un lado ni hacia otro. Solo lloraba mientras sentía los empujones de la gente que pasaba a mi lado. Alguien protestó porque le había hecho parar, cambiar su ritmo, su paso frenético. Jacobo intentaba hablarme pero yo no le oía. Decidí colgar y limpiarme los mocos, secarme las lágrimas. Si Nacho me veía así se iba a asustar y le iba a tener que explicar qué me pasaba. Entonces le vi a lo lejos, levantó un brazo para llamar mi atención, pero le perdí de vista porque me lo taparon tres señores vestidos con un extraño uniforme. No conseguía parar de llorar, y Nacho estaba cada vez más cerca. Me quité las gafas, que estaban empañadas, me sequé las lágrimas a toda prisa con la bufanda, y vi que los tres señores vestidos de azul eran tres policías antidisturbios armados con metralletas. Al fondo se movía con el viento el lazo negro gigante colgado de un edificio oficial en honor a las víctimas de los atentados de París. Entonces llegó Nacho. Me abrazó, y me dijo: "Tía, te tienes que ir de aquí". 

18.11.15

El día que Ezra Pound montó un crowdfunding para T.S. Eliot




En 1921 T.S. Eliot llevaba cuatro años trabajando en el Lloyds Bank para poder sobrevivir, cuando tuvo que dejarlo por culpa de un “desorden nervioso”, y con el lujo que le suponía tener tiempo, el hasta entonces poeta a tiempo parcial, centró toda su atención en terminar su gran obra maestra “The Waste Land” (La Tierra Baldía). 

Publicada en 1922, aquella inquietante obra se convirtió en un hito del modernismo. Ezra Pound, absolutamente impresionado con ella, declaró: “Algunos consideramos que el hecho de que Eliot tenga que trabajar en un banco supone la peor pérdida de tiempo en la literatura contemporánea”.

Por supuesto, financiar la poesía es un problema tan viejo como la poesía misma. Otros autores lo consiguieron con más facilidad al proceder de familias adineradas, como Emily Dickinson o Lord Byron, mientras que tantos otros tuvieron que sobrevivir a duras penas para poder terminar sus trabajos.



Pound, decidido a ayudar a Eliot para que consiguiera vivir de sus escritos y no de su trabajo precario en aquella institución, sabía que le iba a ser muy difícil conseguir mecenas entre la alta sociedad para tales fines. Así que ideó un método revolucionario de mecenazgo.

Ideó una campaña, le puso un nombre: Bel Esprit, y elaboró un folleto en el que pedía a los suscriptores 50$ al año. El objetivo era conseguir que Eliot contase con 1,500$ al año durante cinco años, y así poder vivir de su trabajo de escritor.

Así, Ezra Pound no solo había montado sin saberlo una campaña de marketing, sino que había descubierto el crowdfunding.

Pound la veía como algo que después rendiría dividendos a toda la humanidad, y no fue el único, puesto que la campaña fue un éxito. Logró convencer a varios amigos artistas — incluyendo el poeta William Carlos Williams, quien también tenía que subsistir gracias a un trabajo alimenticio. Incluso Ernest Hemingway ayudó a recaudar fondos para T.S. Eliot, aunque por lo visto se los terminó bebiendo.

Vía: My own private book club

17.11.15

Luis Buñuel makes dry martini

Un mal sueño


Imagen vía  
He dormido mal. Despertándome muchas veces a lo largo de la noche. Soñando que desayunaba a medias, que no llegaba a despertarme, que veía borroso, que no me salían las palabras ni reconocía a nadie. Si me empujaban no lo notaba, si me caía no me dolía. Pero ahora me acabo de despertar. Todo huele, suena, se mueve, me empuja y, a veces, muchas veces, duele.

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