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Anselmo 4


Me he quedado dormida en un vagón de metro. No sé cuánto tiempo llevo aquí, y me debe sangrar la nariz, porque noto ese sabor dulzón que tiene la sangre. Pero nadie me mira. Me quito los tacones y salgo en la siguiente parada a respirar a la superficie. No me suena la estación. No conozco este barrio. Miro en mi bolso y veo que me falta la cartera. Joder, esta ciudad es un asco. Entro en un bar para lavarme, y el camarero me dice que el servicio es para los clientes. "Pues ponme un café" y bajo a lavarme. Huele que apesta. Me mojo la cara y rasco en la sangre seca que se me ha quedado pegada a la piel. No hay nada para secarse. Salgo corriendo del bar porque no tengo para pagar ese café, y cuando estoy lejos todavía oigo los insultos del camarero. Coño, me he dejado los zapatos en el bar. Camino hasta que por fin me empiezan a sonar algunas calles. La poca gente que me cruzo me mira fijamente y me tapo la cara con el pelo. Cuando llego a mi portal, intento evitar al portero, y éste viene detrás y me dice que un tal Anselmo vino a recoger mis cosas. Que yo ya no vivo aquí. Le devuelvo su mirada de asco y cuando llego a casa de Anselmo la puerta está abierta de par en par. Mis cosas están esparcidas por la entrada y entro a tumbarme. Me vuelvo a quedar dormida hasta que me despiertan los gritos de la madame de arriba. Anselmo está en urgencias. No tiene nada grave, pero la chica sí. Me pregunto de qué chica me habla, pero antes de poder decirlo me vuelvo a dormir. Cuando me despierto Anselmo está llorando. Me dice algo de su mujer y le interrumpo. Yo conozco al tipo. Vamos a buscarle. Me pongo ropa limpia, me pinto, y cuando salimos, el espejo del portal me dice que no estoy nada mal.
El tipo que se tira a la mujer de Anselmo es enorme. Le digo a Anselmo que llame a su mujer y se la traiga al bar justo cuando vea que el otro se me echa encima. Pero el truco es tan burdo que terminamos todos borrachos, y ya nadie se acuerda para qué hemos venido ni quién se tira a quién. Sólo sé que vuelvo a casa borracha, con Anselmo, y otra vez, sin zapatos.

14 Noviembre 2002

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