4.9.18

Cumpleaños en China


Hace años me contaron que en China, el día de tu cumpleaños, los regalos y la celebración no son para ti, son para tu madre. No sé si es así o si se seguirá haciendo, pero me parece precioso. Eso sí, los hombres os quedáis sin tarta.

27.8.18

En mi calle








Me despierto, me visto, salgo a la calle a pasear a mi perra, y un tío me grita: "¡tened más hijos y menos perros!". Hace unos días decidí dejar Twitter, y hoy de pronto lo vivo en mi propia calle.

21.8.18

La ternura de los barrios


Ayer me senté en una terraza de Lavapiés después de dar un paseo con mi perra, a leer un rato y a beber agua con gas. La otra única mesa que estaba ocupada, lo estaba por dos mujeres de mediana edad, que charlaban sobre cine. Una era más joven, una mujer obesa que hablaba muy despacio, arrastrando la lengua, como si estuviera ralentizada por algún tipo de medicación. La otra la escuchaba con mucha atención, divagar sobre películas de Hollywood de los años 90.  Estaban disfrutando como dos niñas pequeñas con la conversación. Ambas tomaban refrescos, y trataban al camarero por su nombre de pila, había cierta familiaridad.

Al cabo de un buen rato, le pidieron un vino, y entonces el camarero se acercó a la mesa. Les dijo que no, les pidió que,por favor, no bebieran alcohol. Les recordó que no podían, que les sentaba mal. Ellas le rogaron con ojos infantiles que les pusiera una copita, pero él, con mucho cariño y buenas maneras, se negó, y en su lugar les trajo otro par de refrescos. Entonces ellas continuaron con su conversación sobre actores y películas. Hasta que una de ellas le explicó a la otra que podía hacer búsquedas en google con su móvil, a través de la voz. A la segunda le dio una ataque de risa de alegría ante semejante descubrimiento, y pasaron la siguiente hora gritándole al aparato: "¡Julia Roberts!, ¡Robin Williams!, Robert de Niro!, ¡Judie Foster!...". Yo no pude concentrarme mucho en la lectura, pero me fui a casa con la sensación de haber presenciado algo mucho mejor.

15.8.18

Tener que explicar



Tener que justificar lo que no has hecho porque no te ha dado la gana a pesar de que se espera de ti, solo porque eres una mujer.

Tener que explicar que tú no dispones de tanto tiempo, porque nadie te limpia la casa, nadie te hace la comida, nadie te compra la ropa, ni te la lava ni te la tiende.

Tener que explicar que tú no has venido al mundo a sonreír ni complacer. Que tienes el mismo derecho a ser una persona antipática que un hombre, porque tú también eres eso, persona.

Tener que explicar que hay días en los que realmente lo que te apetece es estar de mal humor.

Tener que explicar que a ti te ha dado menos tiempo que a los hombres a lograr ciertas cosas, porque a ti te ha costado mucho más.

Tener que justificar que te distrae hacer cosas que no se te dan realmente bien, pero que las haces porque te distraen. 

Tener que levantarte cada mes después de haber tenido la regla y haberte sentido tan vulnerable que un leve soplido de un desconocido te haya podido tumbar.

Tener que gritar para que alguien te escuche, porque te conviertes en un ser invisible cuando eres mujer y llegas a cierta edad.

Tener que explicar.

Tener que justificarte.

Tener que explicar.

3.8.18

Un par de curiosidades sobre Edgar Allan Poe


Edgar Allan Poe se casó con su prima de 13 años, Virginia Eliza Clemm, el 22 de septiembre de 1835. Él tenía 26. Estuvieron felizmente casados durante 11 años, hasta que ella murió de tuberculosis.

Además, fue uno de los primeros en proponer una solución a la paradoja de Olbers, formulada por el astrónomo alemán Heinrich Wilhelm Olbers en 1823. El escritor era científico amateur, y la publicó en un ensayo titulado Eureka.

La rutina de Balzac a la hora de escribir


Balzac era una bestia. Se levantaba a la 1:00 a.m., escribía durante 7 horas, a las 8:00 a.m. se echaba una siesta, se despertaba a las 9:30 a.m., y volvía a escribir hasta las 4:00 p.m.. Después paseaba o visitaba a los amigos, y a las 6:00 p.m., a dormir.

Para conseguirlo, se tomaba unas cincuenta tazas de café al día.

Una excentricidad de Kafka

A Kafka, para mantener la cabeza despejada, le gustaba hacer gimnasia desnudo delante de la ventana.

Algunas excentricidades de James Joyce


Este hombre, que iba con un parche en un ojo porque sufría de glaucoma, escribía tumbado en la cama vestido de blanco para que la luz se reflejara mejor sobre el papel y así ver algo mejor. El tipo le escribía a su mujer, Nora,unas cartas bastante guarrillas con cosas tipo “Las dos partes de tu cuerpo que hacen las cosas más sucias son las que yo más quiero”. En una ocasión le pidió que se acostara con otro hombre par saber cómo se siente un cornudo, pero ella le mandó al carajo.

Un par de datos curiosos sobre D. H. Lawrence


D. H. Lawrence, para calentar antes de ponerse a escribir, se subía desnudo a árboles de morera.

Solo 10 personas acudieron al funeral de D. H. Lawrence. Una de ellas fue Aldous Huxley. Sus últimas palabras fueron "Estoy mejorando". Eran irónicas, claro.

La editorial Penguin Books fue llevada a juicio acusada de publicar un libro obsceno, 30 años después de su muerte. Era El amante de Lady Chatterley. Durante el juicio, el fiscal preguntó al jurado: "¿Quién querría que este libro llegara a manos de su esposa o de sus criados?"

Una curiosidad sobre James Whitcomb Riley


James Whitcomb Riley escribía desnudo para evitar la tentación de salir corriendo a un bar y así poder pensárselo dos veces.

Un par de curiosidades sobre Agatha Christie


A Agatha Christie le gustaba escribir en la bañera. 

En 1926, la autora desapareció durante 11 días. Tras una intensa búsqueda, fue encontrada en un hotel en el que se alojaba con nombre falso. Nunca se supo el porqué.

Una curiosidad sobre Sir Walter Scott


Sir Walter Scott escribió mentalmente la mayor parte de su poema Marmion mientras montaba a caballo.

Algunas curiosidades sobre Virginia Woolf


Fue pionera en algo que se puso de moda después: escribir de pie. Comenzó a hacerlo así para que su campo de trabajo fuera igual que el de su hermana, la pintora Vanessa Bell. Con el tiempo terminaría escribiendo sentada.
A Virginia Woolf le gustaba tanto el color púrpura, que escribió la mayor parte de La señora Dalloway en tinta de ese color.

Algunas excentricidades de Charles Dickens


Tenía un gato sordo que le perseguía por toda la casa y el jardín como si fuera un perro. El escritor adoraba a aquel animal hasta tal punto, que cuando murió, se hizo un abrecartas con sus restos.

Dickens también tuvo a un cuervo como mascota. Lo convirtió en un personaje de una de sus historias, y lo disecó tras su muerte para que permaneciese siempre con él. 

Además, este hombre era incapaz de dormir si su cama no estaba colocada en posición norte-sur.

Algunas excentricidades de George Bernard Shaw


Perdió la virginidad a los 29 años con una mujer viuda 15 años mayor que él. La experiencia no le gustó demasiado, con lo que se negaba a mantener relaciones con su mujer, con la que estuvo casado durante 45 años.

Algunas excentricidades de Hans Christian Andersen


El escritor y poeta danés estaba tan obsesionado con la posibilidad de que le enterraran vivo, que cada noche dejaba una nota junto a su cama que decía: "Solo parezco muerto". Curiosamente, murió en 1875 a causa de las heridas producidas tras haberse caído la cama.