Rodrigo Fresán



¿Cómo es el lugar en el que escribes?

¿El estudio? Bueno, yo estoy pasando por un momento un poco extraño, de transición, traumático, porque lo que era mi estudio se convirtió en el cuarto del niño. Entonces hubo todo un movimiento de giros, de los ambientes de la casa, y mi estudio terminó en lo que era antes una especie de rincón donde había una cama de huéspedes. Entonces ahora estoy más como... como encajonado. Yo pensaba que eso me iba a molestar un poco pero está bien. Me gusta la idea de tener que sentarme ahí, estar encajonado, a penas tener espacio, y que la silla casi no quepa entre dos escritorios enfrentados. A mí no me cuesta nada escribir, me resulta muy fácil escribir pero me cuesta muchísimo sentarme a hacerlo. Entonces, al estar tan encajonado ahora, una vez que consigo sentarme, me cuesta mucho levantarme. Con lo que me parece que es una buena... creo que ha mejorado la situación, realmente. Y nada, son dos escritorios de cristal transparente, a penas dejan una especie de hueco en el medio donde yo estoy con una silla girando de uno al otro. En uno tengo el ordenador donde escribo periodismo y la no-ficción, y en el otro el ordenador donde escribo la ficción, porque no creo que deban mezclarse esas dos personas. Es un poco como el Dr. Jekyll y Mr Hyde, con dos personalidades, así, girando.

¿Hay ventana, escuchas música?

Sí, se escucha bastante música. Tengo algunos cds que me han acompañado siempre como música de fondo. Por ejemplo, me gustan mucho las Variaciones Goldberg tocadas por Glenn Gold, me gusta bastante la música de películas, determinados soundtracks... Y sí, tengo una ventana arriba, pequeñita... No tengo grandes necesidades, soy un escritor que se adapta bastante bien al medio.

¿Y escribes cuando viajas?
Cuando viajo tomo notas, pero son frases sueltas. El proceso de escritura para mí, a lo largo de los siete libros que llevo, cambió bastante, en el sentido de que yo, cuando empecé a escribir, las historias me venían completas y hechas. Yo siempre decía que la sensación que yo tenía era como estar en un muelle y que el barco llegaba al muelle y bajaba la gente y yo sólo tenía que describir lo que veía, porque venía todo armado. Y en cambio ahora es al revés. Me llegan como frases sueltas, como rumores, y la sensación es que el barco está en alta mar y yo tengo que ir hasta el barco, y a veces el barco se hundió, y yo tengo que ponerme el traje de buzo y descender a las profundidades a ver qué rescato de todo eso. Es al revés. Antes yo tenía el esqueleto y tenía que vestirlo, y ahora tengo que armar el esqueleto.

¿No tienes ninguna manía? No sé, respecto a la comodidad de la ropa, la luz...
Bueno, hay días que me gusta más escribir descalzo, si se puede, pero creo que cada libro propone sus propias manías. No he mantenido ninguna cábala ni ninguna constante a lo largo de todos los libros, porque son armas de doble filo. Creo que luego uno termina... es un poco como la religión. Uno termina creyendo y poniendo cosas fuera del libro, o fuera de la propia capacidad, o fuera de la propia responsabilidad. Está como pidiendo a fuerzas ajenas y extrañas que solucionen problemas que tiene que solucionar y enfrentar uno.

¿Y en cuanto a horarios?
Lo mismo. Cada libro me ha propuesto un poco su propio ritmo. Hubo un libro que lo escribí durante una semana, una novela, Esperanto; Vidas de santos es un libro de escritura completamente nocturna, lo escribí de noche, y ahora cada vez estoy más diurno. Por las mañanas. Generalmente, después de tomar un par de tazas de café y en el orden ideal de las cosas, para mí lo mejor es empezar a escribir sobre las nueve para a la una y media o dos haber terminado. Después soy bastante idiota a partir de esa hora.

¿Y para leer? ¿Tienes manías?
Leo donde puedo. Leo todo el tiempo, la verdad. En la cama leo bastante, lo cual no es bueno para la espalda, me dice mi médico. Pero a veces tengo así como un sueño de gastar una cantidad importante de dinero y comprarme uno de esos sillones magníficos de lectura, pero me da miedo porque entonces no me levanto nunca más ya. Me quedo para siempre ahí y me transformo en una especie de tarado cataléptico en el sillón, para siempre.

¿Cómo tienes los libros? Ordenados, desordenados...
Las bibliotecas, estoy totalmente convencido de que son organismos vivos. Toda idea de orden o toda intención de orden sucumbe casi inmediatamente, es imposible que en mi biblioteca, manteniendo cierto orden, me resulte casi siempre imposible encontrar un libro, voy a ese lugar y estoy seguro de que está y no está, no lo encuentro, revuelvo toda esa parte, y luego al día siguiente está exactamente ahí. Son seres extraños las bibliotecas. Me dan un poco de miedo.

¿Te molesta que se maltraten los libros? Que se abran del todo dejando el lomo cortado por la mitad...

Me pone total, completa y absolutamente nervioso. O sea, a mí hay una cosa que me produce escalofríos y es cuando alguien entra en una librería y hace así (hace el gesto con las manos de abrir del todo un libro, como partiéndole la espina dorsal) para ver un libro, y no lo ha comprado. Digo “pero ¡qué te pasa! ¡animal!”. Cuando veo que hacen algo así a un libro mío es... pueden ser muchas, muchas horas de mal humor. (Se está hasta poniendo nervioso de pensarlo) He llegado a comprarme libros que me gustan varias veces hasta conseguir la perfección absoluta e inmaculada de la portada.

¿Y no tienes problemas de espacio?
Sí, sí tengo problemas de espacio. Cada tanto hago una purga, que es algo un poco doloroso porque sientes que estás arrojando a gente por la borda, pero no hay otra, eh? No hay otra. El criterio que debería imperar en realidad y que mucha gente con autodisciplina es el que impone, es no conservar los libros que sabes que no vas a volver a leer nunca más, pero yo no, no puedo. De hecho, hay libros que me he comprado hace dos o tres años y no los he leído todavía pero tengo una necesidad física de tenerlos. Así como hay escritores de los que tengo la obra completa y me los reservo para un determinado momento de la vida que no sé cuál es, pero que estoy seguro que el libro y el autor, o el fantasma del autor, se va a arreglar para comunicármelo.

¿Qué clásico que sabes que vas a disfrutar no has leído aún?
Uy, te podría decir hasta una obra completa. Yo tengo una asignatura pendiente bestial que es Faulkner, por ejemplo. Y tengo la obra completa, me la fui comprando de a poco. He hecho una inversión de dinero importante porque lo que leí de Faulkner lo leí muy chico, muy mal, en muy malas traducciones, de aquellas completamente canibalizadas y destrozadas y estoy seguro que va a ser un escritor que me va a marcar muchísimo, y me va a influenciar muchísimo, pero yo creo que hay que tener mucho cuidado. Uno tiene que exponerse a esas explosiones atómicas con cierta responsabilidad y en el momento que corresponde. Me pasó con Proust también. Quiero decirte, son escritores que cuando uno los lee tiene que asumir el riesgo de que te pueden cambiar por completo tu idea de la literatura y de la escritura. Es material muy sensible.

Cuando estás muy metido en la escritura de un libro, ¿te cuidas a la hora de elegir las lecturas para que no te influyan?

Sí, cuando estoy muy metido en un libro de ficción, generalmente trato de leer no-ficción. Por una cuestión de que en la no-ficción hay un montón de soluciones cuando uno está escribiendo ficción. Hay muchos datos, muchas ideas, hay muchas cosas reutilizables. La prosa es mucho más digestiva, si lees libros de no-ficción formidables. Pero sí, trato de que a la hora de la escritura muy exigente o en el momento más intenso de la escritura, tener al lado un material que no me distraiga demasiado y que, fundamentalmente, no me haga consciente de lo malo que soy ante eso que estoy leyendo.

¿Y la poesía?
Yo soy un pésimo lector de poesía. He leído muy, muy, muy poco. En realidad mi máxima exposición a la poesía son los discos de Serrat sobre Miguel Hernández y Machado. Y me gustan algunos poetas, Dylan Thomas, me gustaban los poemas de Bolaño también, pero soy un pésimo lector de poesía en cuanto a que soy completamente incapaz de discernir qué es bueno y qué es malo en poesía. Mucha gente, sin embargo, cuando lee mis libros, piensa que soy un lector de poesía curtidísimo y que sé mucho, porque hay muchas imágenes que me dicen que son poéticas en mis libros, pero no tengo la menor conciencia. Tal vez por eso no leo poesía. Porque, tal vez, si leyera poesía me estropearía esa parte que es bastante refleja y salvaje y que tal vez no necesita de un manual de instrucciones o de una percepción teórica sobre la práctica.

¿Hay algún tipo de libros que no leerías nunca?
No, no. He leído El Código da Vinci por curiosidad. A mí me gustan mucho las novelas tipo El Código da Vinci, las novelas conspirativas. Por eso puedo decir con autoridad que El Código da Vinci es muy mala. Pero lecturas que no haría nunca... emmm... Sí, probablemente sí. Pero no sé cuáles son. Hay una cosa que a mí me impresiona mucho que es que con el tiempo yo tengo recuerdos de cuando era joven de haber empezado libros y haberlos dejado por la mitad. Y con los años uno va desarrollando un olfato mucho más fino y dificilmente se equivoca. También es cierto que la lectura se sistematiza mucho más y entonces uno tiene más idea de por dónde se mueve y a qué se parece este autor, etc, etc, lee mucha más crítica, entonces está más orientado... Uno también se convierte en un lector mucho más especializado y se concentra en un determinado género, en un determinado país o en una determinada época, incluso. Así que es difícil. Pero por eso te digo, los libros que no leo no sé cuáles son porque ni los veo, no los registro si quiera. 


Muchas gracias, Rodrigo, una vez más. 

Gracias a ti.

Comentarios