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Visita inesperada

Esta mañana, al levantarme, no he podido desayunar tranquilamente ya que en el cuarto de estar me he encontrado con un platillo volante. Y claro, no me iba a poner a preparar café. Así que, cuando he conseguido salir del asombro, cuando me he empezado a familiarizar con el aparato, han empezado a oirse voces en su interior. He esperado un rato en la puerta para ver si alguien se decidía a salir, pero como no aparecía nadie, he llamado un par de veces y las vocecitas se han callado. Así he pasado largo rato, rodeando el platillo, acercando la oreja para intentar entender lo que decían ahí dentro, hasta que no he tenido más remedio que ponerme en marcha y vestirme a toda prisa para llegar a tiempo a trabajar.
Me he pasado todo el día pensando en ese chisme y no he dado pie con bola. Y eso que he salido tarde por todo lo que tenía que hacer.
Y cuando entro por la puerta me encuentro con un ser violeta de unos 40 cms de alto, con antenas y una pinta totalmente absurda que, de brazos cruzados y con gesto de indiganción, me pregunta: "¿pero qué horas son estas?" Desde entonces vivimos juntos. Aunque a veces es un poco déspota, cuando quiere es un cielo. En casa no da ni golpe, y a la calle no sale porque la luz solar le derrite el cuerpo. Pero tiene mucho sentido del humor. No sabe cocinar, aunque come como una mula. Y su platillo volante huele que apesta.
Solo llevamos una tarde viviendo juntos, pero creo que es él. Sopesando los pros y los contras, creo que haremos una pareja perfecta. Aunque a veces pienso que tiene un poco de morro: por aparecer en mi casa sin previo aviso, no dar ni chapa, gorronear toda la comida que encuentra y aparcar su nave en mitad de mi cuarto de estar. Pero supongo que así empiezan todas las grandes historias de amor. Y sobre todo, que con sus antenas podemos ver Canal Plus.

17 de octubre de 2002.

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