28.4.13

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Mi vergüenza me envuelve en un escalofrío. Sudo un vapor ácido que a la vez me protege, supongo que para no volver a caer en mi propia torpeza. Si una mano me ofreciera destaparme, la cubriría con lágrimas tan infantiles como despreciables. Mi mundo se cierra un poco más. Mis alas se humedecen y mis pestañas se pegan para que mis ojos, un día, se abran de otro color.

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