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fuegos fatuos


Mi perro y yo no podíamos dormir, así que nos hemos venido a este cementerio a ver fuegos fatuos. Iluminados por la luna, los ángeles de piedra, los cristos y las vírgenes parecen cambiar el gesto. Baldo está tranquilo, tumbado a mi lado, con la cabeza en mi regazo. No hace frío, pero estoy envuelta en una manta, sentada entre flores, tumbas y cipreses altos y estirados. Sombras blancas bailan a nuestro alrededor, y asistimos a esta función triste sin que se note que lloramos. Parece que se alegran de poder actuar para alguien, como si llevaran mucho tiempo aquí abandonados. Se habrán olvidado de que vivos tampoco estaban siempre acompañados. O a lo mejor no consiguen olvidar el placer de estar con alguien que te presta atenciones sin pedir nada a cambio.

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A pelo

Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

Michelangelo’s handwritten 16th-Century grocery list