Soy una viciosa. Siento un placer tan inmenso con tantas cosas, que se me pone una tremenda cara de corrupta. Y siempre me dijeron que eso era malo. Me enseñaron a disimularlo. Pero con el tiempo que me hado cuenta de que es una suerte. Ya que mi cabeza busca
vicios permanentemente. O se los inventa. La brisa de una tarde de sol, un beso largo y húmedo, bucear en el mar, desayunar sin prisa, espiar conversaciones de desconocidos... hay tantas cosas, que la gente que vive sin pararse aunque sea a respirar me da un poco de susto.
14 Abril 2003
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