Andaba yo pensando en enterrar a Lady Distopía, en hacerle un funeral como se merece ella, bonito, alegre, florido pero con su toque bizarro, cuando de pronto me he acordado de esta foto del entierro de Robert Louis Stevenson en Samoa en 1894:
Esta es la tumba:
La cosa es que ya no me apetece escribir bajo pseudónimo. Ni a partir de fotografías en blanco y negro, con los caracteres que permite Twitter, o que sean microrrelatos. Todas esas limitaciones autoimpuestas ya no me apetecen siempre. O me apetecen casi nunca.
El viernes cumplí 55 años. Insólito, no me lo esperaba.
Mi abuela murió con 64, mi madre con 54, así que, según mis cálculos, a mí me tocaba con 44. Cuando los superé, cosa que casi no consigo, empeñada en hacerme la vida imposible y envenenarme con todo lo que pillaba, me di de margen hasta los 54, porque tenía sentido, ya que cada vez me parezco más a mi madre. Pero entonces se murió mi perra cuando cumplí los 50 y pasó algo muy raro. Hay quien lo llama epifanía, pero a mí esa palabra me suena a versión fea de nombre de personaje de Lady Distopía. El tema es que en cuanto mi perra murió, me vino a la cabeza una cosa, una frase, era mi voz pero venía de ella y era tan potente que cubría cualquier otro atisbo de pensamiento: "Me has cuidado a mí tan bien toda la vida, ahora te toca a ti”.
Aquello fue como una certeza absoluta. Algo que jamás había pensado que necesitaba que alguien que me quisiera mucho me lo dijera, y me lo dijo ella. 16 años viviendo juntas, viajes, alegrías, muchas mudanzas, demasiadas, y yo, cada vez más triste, más vacía, más consumida y más hueca. Hasta llegar a ese punto en el que no le pones fin a todo porque cuánto tiempo van a tardar en rescatar a mi perra. Quién le va a dar de comer, la va a cuidar… no sigo, os hacéis una idea.
Mi perra murió el 21 de agosto de 2020 a las 7 de la mañana. Y, a pesar de que me costó un poco, le hice caso. Ahora miro atrás y mi vida ha cambiado radicalmente. No porque haya cambiado de casa, de barrio, que sí. Sino porque soy otra persona. Entré en terapia rota en mil pedazos, sin ilusión, sin ganas de vivir, sin fuerzas, y ahora no hay quien me pare.
Yo no venía a contar esto. Para nada. Es curioso, he empezado escribiendo sobre el posible entierro de Lady Distopía y he acabado con el mío. Pero qué va. Estoy más viva que nunca. He cumplido, contra todo pronóstico, los 55 años, le he dado la vuelta a mi vida entera, y siento que tengo más futuro, más ganas de hacer cosas y más ilusión que nunca.
Me largo de caminata. Espero que estéis bien. Hasta pronto.
Ah! Y si os apetece invitarme a un café, aquí.
Un beso,
Almu

















