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15.8.18

Tener que explicar



Tener que justificar lo que no has hecho porque no te ha dado la gana a pesar de que se espera de ti, solo porque eres una mujer.

Tener que explicar que tú no dispones de tanto tiempo, porque nadie te limpia la casa, nadie te hace la comida, nadie te compra la ropa, ni te la lava ni te la tiende.

Tener que explicar que tú no has venido al mundo a sonreír ni complacer. Que tienes el mismo derecho a ser una persona antipática que un hombre, porque tú también eres eso, persona.

Tener que explicar que hay días en los que realmente lo que te apetece es estar de mal humor.

Tener que explicar que a ti te ha dado menos tiempo que a los hombres a lograr ciertas cosas, porque a ti te ha costado mucho más.

Tener que justificar que te distrae hacer cosas que no se te dan realmente bien, pero que las haces porque te distraen. 

Tener que levantarte cada mes después de haber tenido la regla y haberte sentido tan vulnerable que un leve soplido de un desconocido te haya podido tumbar.

Tener que gritar para que alguien te escuche, porque te conviertes en un ser invisible cuando eres mujer y llegas a cierta edad.

Tener que explicar.

Tener que justificarte.

Tener que explicar.

2.7.18

El jardín inglés


Como vivo en un apartamento pequeño y en casa no hay espacio suficiente para todas las plantas que me gustaría tener, anoche decidí tatuarme un jardín inglés, con su estanque y su pabellón chino, que me cubriera toda la espalda. Siempre he sentido un enorme rechazo hacia esas formas geométricas tan encorsetadas que dibujan las flores y plantas de los jardines afrancesados. Prefiero que todo parezca que fue colocado ahí al azar por la naturaleza, aunque detrás haya un sofisticado trabajo de paisajismo muy bien disimulado.

Y aquí estoy ahora, paseando rodeada de golondrinas que revolotean a mi alrededor esperando a que me siente, para posarse y beber el agua fresca del riachuelo que me cae del omóplato izquierdo.