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Armada hasta los dientes

Voy armada hasta los dientes. Tengo cuerpo de violencia y me he vestido para ello: llevo un rifle de repetición recién comprado, varias granadas de mano, un revolver de tambor que siempre me pareció precioso. Solo me falta un trípode para obtener una mayor precisión con mi fusil ametrallador. Hoy voy a terminar con él. Lo tengo decidido. Me queda mucha munición. Le busco. Le acoso. Le encuentro. Le acorralo en un barranco antes de que llegue el atardecer. El sol empieza a ponerse. El cielo se cubre de color. El mar está brillante y la luna ya asoma en el horizonte. No encuentro las granadas. Me pesan tanto las armas que me tengo que sentar. El cielo está precioso. Le propongo ver la puesta de sol. Ya veremos qué hacemos después con tanta arma y tanta munición.

4 Diciembre 2002

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Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

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