13.3.10

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Hace unos días me caí. Caminaba por una calle luminosa, espaciosa, pero mi paso era tan rápido que no vi la zanja y terminé dentro sin saber cómo salir. Sorprendida estuve tiempo allí abajo, viendo pasar las horas y a la gente caminar, pero no lograba reaccionar y pedir ayuda. Incluso llegué a sentirme a gusto, allí abajo, escondida de la vida, haciendo de la zanja una excusa para no esforzarme por salir. Pero me entró hambre. Y cansancio. Comenzó a atardecer, y cada vez menos gente pasaba por allí. Y no conseguía reunir el valor para gritar auxilio, así que alcé los brazos, di un salto, y descubrí que esa zanja que me había atrapado tanto tiempo sólo me llegaba por el ombligo. Era tan fácil salir, que me sentí observada y eché a correr avergonzada, sin darme cuenta de que realmente nadie me miraba a mí.

30 Junio 2003

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