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Calcamonía

Cuando era pequeña, un día mi padre me llevó al parque de atracciones. En la entrada me pusieron en la mano una calcamonía del Oso Yogui sujetando un globo rosa, y todavía no se me ha quitado. Lo he intentado todo: aguarrás, lejía, piedra pómez, jabón, acetona, alcohol... Han pasado veinte años y el dibujo sigue intacto. Ni las pequeñas orejas del animal se han visto afectadas. Ni siquiera el hilo que sostiene el globo. Y para mí supone un defecto mucho peor que el que tiene gafas de culo de botella o tartamudea al hablar. Cada mañana me enfrento a mi Oso Yogui y me dan ganas de llorar. Pensé que con el tiempo aprendería a convivir con él. Pero no. He pensado en quemarme la mano, en operármela, en amputármela. Y lo peor de todo es cuando me preguntan por qué llevo una calcamonía. Por qué no llevo una pulsera, que es lo que ahora ponen en los parques de atracciones.

25 Noviembre 2002

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Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

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