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Conducir

Recuerdo conducir por una carretera en plena noche, con la luna llena al frente, y el coche lleno de gente dormida. Conducía un automático y era la primera vez que lo hacía. Estaba serena, tranquila, y la música me acompañaba. No se veía una montaña, ni un cartel, ni nada que hiciese pensar que la tierra fuese redonda. Sólo se veía una superficie plana envuelta entre estrellas. De pronto la carretera hizo una curva, pero yo no la seguí. Yo seguí en dirección hacia la luna. Sin darme cuenta de que las líneas de la carretera habían desaparecido. Al cabo de un rato despertó alguien. Miró a su alrededor, preguntó dónde estábamos. Nadie contestó. Seguimos a la luna. Poco a poco despertaron los demás. Estábamos en mitad de ningún sitio, pero a nadie le preocupó. Seguí. Hasta que nos devolvieron a una carretera. Nadie dijo nada. Sólo la música. La luna. Y la carretera.

8 Enero 2003

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Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

Michelangelo’s handwritten 16th-Century grocery list