15.3.10

Espacio y viento

Esta manaña me desperté en una ciudad soleada y cálida. Saqué a pasear al perro y comenzó a levantarse un poco de aire. Después me metí en el metro, en ese extraño microclima tropical, con olor a hospital, autobús de línea y pelos. Al salir, el aire se había convertido en viento. Viento enfadado y violento, que te golpea y te corta la cara con los mechones de tu propio pelo porque te quiere castigar, pero no tiene manos. Te colocas de espaldas a él, y encontes el abrigo te abraza entera y te empuja con todas sus fuerzas hacia la carretera. Y como no hay tráfico, ni gente, como no pasa ningún coche, es inútil mantener la bronca. Entonces el viento se calma, el abrigo te suelta, y entras a trabajar a otro clima, sin viento, sin aire, pero con un jefe que huele a todo menos a haber entrado jamás en su vida en el metro.

4 Marzo 2008

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