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Espacio y viento

Esta manaña me desperté en una ciudad soleada y cálida. Saqué a pasear al perro y comenzó a levantarse un poco de aire. Después me metí en el metro, en ese extraño microclima tropical, con olor a hospital, autobús de línea y pelos. Al salir, el aire se había convertido en viento. Viento enfadado y violento, que te golpea y te corta la cara con los mechones de tu propio pelo porque te quiere castigar, pero no tiene manos. Te colocas de espaldas a él, y encontes el abrigo te abraza entera y te empuja con todas sus fuerzas hacia la carretera. Y como no hay tráfico, ni gente, como no pasa ningún coche, es inútil mantener la bronca. Entonces el viento se calma, el abrigo te suelta, y entras a trabajar a otro clima, sin viento, sin aire, pero con un jefe que huele a todo menos a haber entrado jamás en su vida en el metro.

4 Marzo 2008

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Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

Michelangelo’s handwritten 16th-Century grocery list