12.3.10

Miedo

De pequeña era especialista en cumplir castigos ajenos, pegarme chicles al pelo, pisar colillas descalza. Casi todo me daba vergüenza. Pero muy pocas cosas me daban miedo. Una sí me aterraba. Quedarme sola en casa. Era mi peor pesadilla. Escuchaba gritos aterradores, veía sombras y me imaginaba monstruos degollados que aparecían sobre carritos de la compra empujados por algún ser aún peor hacia el salón, donde yo veía la tele. O animales demoníacos entrando a golpes por las ventanas, con el cuerpo ensangrentado y mirada de hambre. Tosía para hacerlos desaparecer. Pero cuando volvían mis hermanos o mis padres, el suspiro me vaciaba el cuerpo de aquella insoportable tensión. Un día, un amigo de mi hermano se rió de mi miedo y sentí por él verdadero odio. Me llamó cobarde y eso se me quedó marcado. Pero desde entonces intenté poner remedio a mi miedo. Por orgullo. Y porque me dijo luis que cobarde no es el que no tiene miedo. Sino el que trata de vencerlo. Fue como ver un brillito de esperanza a tu peor defecto.

29 Abril 2003

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