Ir al contenido principal

Entramos en el Hotel Madrid


21.15 horas. Entro en el Hotel Madrid. No para de entrar y salir gente, y subir y bajar las escaleras. Nada más acceder, a la izquierda hay una especie de recepción de hotel, en la que un grupo de inmigrantes escucha música desde un radiocassete. Este es el cartel que te encuentras de frente a la entrada, nada más comenzar a subir.  



A ambos lados del cartel comienzan dos escaleras enmoquetadas que te llevan hasta la azotea, rodeando cada una un ascensor. 




Llego a la primera planta. A la izquierda hay una cafetería en la que un chaval sirve té a una señora mayor, y en frente está el punto de información. Después hay varias estancias en las que comienzan asambleas y grupos de trabajo. 


Hay gente por todos lados, a la que prefiero no fotografiar. Pregunto en información por Félix, con el que quedo mañana para traer libros, y me da esta tarjeta con su número detrás. 


Cotilleo por los rincones. El hotel es enorme, con muchísimas habitaciones, tiene luz, y me cuentan que esta mañana, sobre las 5 h., se dieron cuenta de que les habían cortado el agua. 






Subo hasta la azotea, que es enorme, pero como es de noche, la foto no la publico porque no se ve nada. Pero esta es la vista que hay desde ahí arriba a la calle. 








Las habitaciones y pasillos están todos enmoquetados, algunas tienen cama, baño individual, mesita de noche... y balcón a la calle. Otras están en peor estado, y en algunas no hay nada, o han colocado colchones por el suelo. 



La foto de la izquierda es la vista de los vecinos de enfrente desde una habitación, y la de la derecha, la salida. 

 
Al salir, me encuentro este cartel en la fachada, en el que se informa de un desahucio parado. 


Mientras, en la Plaza de Jacinto Benavente hay una asamblea en la que, cuando yo llego, se está hablando de la situación del teatro Albéniz, y se hacen distintas propuestas sobre qué hacer con él. 


Comentarios

Entradas populares de este blog

La dispersión. Hasta cuándo

Esas madres planchando ropa de cama para que su preso pueda oler a casa.

Esos críos que se saben los bares de carretera en 1000 kms como la palma de su mano.

Esos cacheos insoportables y gratuitos a ancianos. Esas cabinas sucias cuando las demás están relucientes.

Esos kilómetros insoportables e injustos que tienen que soportar madres, padres, hijos y abuelos, porque su familiar está a cientos y cientos de kilómetros de su casa.

Esas ausencias. Esos silencios. Esos presos enfermos que no reciben la asistencia médica que necesitan porque el Estado español y el sistema penitenciario se ensaña con ellos.

Este finde a ver a mi hermano a 700 km y el que viene a mi amigo a 1000km. Qué economía sostiene eso.

Qué es la dispersión. Quién la inventó. Quiénes la mantienen. Dónde quedan los DDHH.

Qué sueñan esos niños. Qué sueñan esos padres. Qué sueñan esos hermanos. Qué pesadillas tienen.

¿Cuánto duran 45 minutos?

¿Te atreves a llorar cuando le ves?

¿Ven la luna llena desde esa cárcel?

¿Cuál e…

A pelo

Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

Michelangelo’s handwritten 16th-Century grocery list