Bruno Galindo



¿Escribes siempre en el mismo lugar?


Escribo siempre en el mismo lugar: es un tablero de contrachapado de 1.80 por 65 sostenido por dos borriquetas. A la derecha tengo una ventana que da a un típico tejado del centro de Madrid. A la izquierda tengo una biblioteca formada por tres estanterías. De frente tengo una pared con fotos (Cesare Pavese, Steve McQueen, Klaus Kinski), recortes y algún cuadro pequeño, y un corcho lleno de notas y recordatorios de asuntos prioritarios. Corrijo mis malas posiciones y el exceso de horas en mi puesto sentado en una silla ergonómica un poco absurda. Casi siempre tengo una tetera cerca y una impresora que funciona a golpes.

¿Escuchas música mientras escribes? 

Más bien escucho música en las pausas. Escucho de todo. He trabajado durante años como periodista musical, por lo que tengo la casa llena de discos y CDs. Mi selección cambia bastante a menudo. En el momento de esta entrevista suelo escuchar a Killing Joke, Scott Walker, Pulp, Brianjonestown Massacre, Godspeed You Black Emperor, Ronettes, Johnny Cash… Spotify es una gran opción; hace poco estuve días con un playlist automático de Brian Eno.

¿Sueles llevar un horario estricto? 

Trato de reservarme la tarde o la mañana entera para escribir y/o leer, utilizando la otra mitad del día para cumplir con encargos laborales. No tengo problema con las distintas franjas del día: por la mañana estás muy fresco, por la noche hay menos molestias. No soy muy disciplinado y tengo problemas de dispersión (soy un freelance precario y pluriempleado, y casi siempre estoy haciendo algo que no me gusta demasiado). Paso buena parte del día frente al ordenador y añoro la época en que no era así. Me permito cierta procrastinación. Y tengo ratos de concentración gracias a una potente variedad de té verde del que procuro siempre tener existencias.

¿Utilizas cuadernos para tomar notas o lo haces todo a ordenador? 

Cuadernos. Siempre tengo al menos uno encima. También hay uno junto a mi cama por la noche. Uso moleskines o libretas de ese tipo. No debe ser necesariamente esa marca, aunque sí procuro utilizar ese modelo de libreta-dura-con-goma. Utilizo muchos cuadernos y los maltrato bastante. Para romper la rutina últimamente escribo transversalmente en vez de arriba abajo. Siempre pongo la fecha a las notas. Y periódicamente las paso a limpio en un documento word titulados “resumen”, “moleskineo”, “notas 2012” o así. Ahí limpio, agrupo, hago resúmenes y veo qué me interesa realmente de lo que estoy anotando.

Cuando estás muy metido en la escritura de un libro, ¿te cuidas a la hora de elegir las lecturas para que no te influyan?

Me cuido bastante con lo que leo y, al revés de lo que dices, busco cosas que sí me influyan. Ojo: el buen influjo que busco son cosas no evidentes. Por ejemplo me interesa un libro bien construido, que tenga una arquitectura interesante. Si me interesa mucho lo disecciono: me fijo en cómo está escrito, qué estructura sigue. No me interesa una historia similar a alguna que yo pueda tener en la cabeza: de eso sí me cuido mucho.

¿Hay algo concreto que no puedas/debas hacer mientras escribes? 

Me gusta estar solo, no salir y hablar poco, lo que a veces trae problemas con personas cercanas. Odio tener que explicar cosas cuando estoy concentrado.

¿Tienes lecturas de descanso? 

En esos casos me gustan los libros concebidos sin intención literaria: manuales, libros técnicos de ciencia o química, directorios… Me gusta ojear cosas que no entiendo. A veces estás cansado, con poca concentración o con la vista cansada y lees algo incorrectamente. Alguna que otra vez sacas una idea interesante y original de esos malentendidos.

¿Cómo es tu biblioteca personal?
Tengo tres grandes estanterías que me construyó mi padre en la época pre-Ikea y que me llevan acompañando casi veinte años. En ellas están colocados los libros siguiendo un orden de preferencia personal de arriba a abajo y de izquierda a derecha. En situación preterente están Mario Bellatin, Juan Filloy, Fogwill, Perec, Blaise Cendrars, Raymond Roussell, Ballard, Artaud, Celine, Gombrowicz, Houellebecq, Goethe… Nunca he ordenado los libros por colección o editorial; me espanta ese hábito. Reconozco los libros desde lejos por el lomo: llevo muchos años con algunos de esos favoritos. En realidad me gusta que la biblioteca esté algo desordenada. Coloco pequeños objetos en los pequeños espacios que dejan los libros en las estanterías. Una vez cada año o dos años quito todos los libros y los vuelvo a colocar siguiendo el “ranking” de ese momento.

¿Eres fetichista con el libro como objeto? 

Sí lo soy. Y esa pasión por el libro me divide. Me fastidia, en cierto modo, que los libros sean tan importantes para mí: si no los tuviera, mis mudanzas -que son frecuentes- serían menos traumáticas. Por un lado pienso que viviría en absoluta libertad si no tuviera libros, por otro, siento que mi vida sería más triste sin libros en casa. Asocio -esto es triste- la posesión de libros con cierta holgura económica que te permite vivir en un espacio más o menos amplio. Si tuviera una casa comprada acumularía más libros.

¿Qué casa de escritor te hubiera gustado visitar o has visitado y te ha fascinado?

Cualquier piso de Henry Miller en París. La casa de Burroughs en Tánger. La de Bukowski. La de Truman Capote. La verdad es que me caen mejor los escritores bohemios, promiscuos y un poco desastrosos a los ricos, bien educados y acomodados. Una de las casas de escritor más alucinantes que he visitado es la de Pablo Neruda -autor que me interesa poco- en Valparaíso, Chile. Por cierto, feliz coincidencia: contesto este cuestionario desde la maravillosa casona de Robert Graves en Deia, Mallorca, donde me han dejado pasar unos días felices de lectura, escritura, buena gastronomía y paseos.

¿Te molesta que se doblen las páginas, que se arrugue el lomo al abrirlo demasiado, subrayas, anotas en sus páginas…?

No suelo subrayar los libros, aunque no me molesta ese hábito. Si el libro es nuevo, no me molesta maltratarlo un poco. Me molesta más la gente demasiado cuidadosa con los libros. Lo que me irrita de verdad es esa puñetera manía de forrar los libros. Aprovecho para reivindicar el placer de prestar libros -a quien verdaderamente le va a gustar un libro-, a riesgo de no recuperarlo. Ese rollo de no prestar los libros que tiene tanta gente me parece un poco cutre y avaro. Que sigan su vida, ¿no? (Hablo de libros nuevos, no de libros raros)

¿Tienes algún tesoro en tu biblioteca? 

Sí. Tengo bastantes ediciones raras. Una copia de “The world of sex” con correcciones del puño y letra de Henry Miller, un autor por el que nunca perdí la simpatía aunque reconozco que no ha resistido muy bien el paso del tiempo. También tengo una edición rara, numerada y firmada, de “Atrocity exhibition” de J. G. Ballard. Y libros dedicados de gente muy distinta: Bioy Casares, Günter Grass, Sam Shepard… También guardo cartas muy queridas que intercambié con Ryszard Kapuscinski poco antes de morir.

¿Tienes algún rincón especial en tu casa para leer? 

Es una pena, pero no tengo ningún rincón de mi casa particularmente cómodo para leer. Prefiero leer en casa de otra gente, en un bar… Los aviones me parecen grandes lugares para leer; eliminan el vicio del móvil. También me gustan mucho los trenes. Los cementerios también están bien.

¿Lees poesía? 

Sí. Puedo leerla en cualquier parte.

¿Sueles acudir a bibliotecas?

No. Nunca.

¿Me podrías hacer un canon de libros?

¿Un canon, un modelo perfecto? Hm. Me gustan las obras algo excéntricas, como Rousell. Me gustan los autores heterodoxos, como Bellatin o Perec. Confieso mi preferencia tradicional por los autores extranjeros -esto quizá es algo injusto- y por el siglo XX. Muchos de mis favoritos están muertos; confieso -también sin demasiado orgullo- que dos de cada tres libros que compro son de escritores que ya no están. ¿Debiera haber más mujeres en mi biblioteca? Sin duda.

¿Hay algún clásico con el que, por alguna razón, no hayas podido?

Hace 15 años dejé “En busca del tiempo perdido” en el séptimo y último volumen. Pero creo que fue por pena de que se acabara. Lo retomaré en cualquier momento.

¿Qué clásico que sabes que vas a disfrutar no has leído aún?

Ulises.
También leeré clásicos de la antigua Grecia dentro de algunos años.

¿Hay algún tipo de libros que nunca leerías?

Libros sobre la monarquía española, Franco, la transición… Estos otros sobre la 2ª Guerra Mundial: estos tipo “Rommel, el zorro del desierto”. Estos libros que ves siempre en las ferias del libro antiguo de Recoletos. Creo que jamás leeré esta clase de obras pero, quién sabe, tal vez el día de mañana estoy escribiendo algo que justifique esas lecturas para documentarme.

¿Cuando viajas escribes?

Es cuando más suelo hacerlo. Suelo viajar para escribir. Viajar te hace salir de lo autoreferencial, característica que suele lastrar al escritor.

¿Te has encontrado alguna vez en un mercadillo o librería de viejo alguno de tus libros? 

Sí. Alguna vez. Me pareció bien. El mercadillo es peor que la librería de viejo; hay algunas que me gustan mucho y donde compro de vez en cuando. No me parece peor estar ahí que en las tiendas de novedades, donde los libros pierden vigencia a gran velocidad.

¿Has coincidido alguna vez con alguien por la calle o en el metro, leyendo uno de tus libros?

No. Me gustaría. Es una fantasía estúpida muy narcisa. Siempre me fijo en qué lee la gente en el metro, casi siempre para descubrir que la gente no se come mucho la cabeza y lee cualquier tontería con letras doradas.

¿Libro en papel o digital? ¿Tienes Kindle o algún tipo de lector electrónico?

Ambos. Papel para ciudad, digital para viajar. Tengo iPad.

Bruno Galindo acaba de publicar El Público en la editorial Lengua de Trapo. En su web puedes encontrar mucha más información.




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