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Ahora

Estoy sentada en mi mesa de trabajo, escribiendo esto, mientras espío a un hombre que acaba de entrar por la puerta. Se supone que es normal que yo esté aquí, tecleando frente a la pantalla del ordenador, así que yo sigo, disimulo. Pero a él es la primera vez que le veo, él no trabaja aquí. Me pregunto si se habrá dado cuenta de mi presencia, porque está lejos, a unos quince metros. Se ha sentado en una mesa y desde aquí le veo de perfil. Coge el teléfono, marca. Espero. Me acaba de ver. Nos saludamos con el cuello. Empieza a hablar. En seguida se convierte en una conversación intensa, porque no para de hacer ruiditos con un boli. Se está poniendo rojo. Cada vez más rojo. Está calvo, excepto por una franja gruesa de pelo gris cerca del cuello y varios blancos que le cruzan el cráneo. Presenciar esto me empieza a resultar algo obsceno. Su cabeza brilla, debe estar caliente. Su cara cada vez está más congestionada y, si esto fuera una escena muda, yo diría que está gritando. Pero grita muy bajito, no quiere que le oigan. Está teniendo la mayor bronca de su vida, o de la semana, pero sin que se le oiga mucho, no vaya a ser que a alguien le moleste. Así que me voy. Me voy a levantar porque esto me está empezando a resultar algo violento.

31 Marzo 2005

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Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

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