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Por la noche

Anoche sucedió otra vez. Y cerramos el último bar que permanecía abierto en todo el barrio, hacia las dos de la mañana. Entonces fuimos a casa de su hermano a seguir charlando. Tras escuchar cómo, en cuestión de dos meses, a mi amigo le ha cambiado radicalmente su vida, salí de casa de su hermano hacia las cuatro de la mañana. Estaba cansada. Y fumada. Estaban regando la plaza y olía a tierra mojada. La acera brillaba tanto como el cartel luminoso de la parada de autobús, y un taxi pasó seguido del sonido de una ola, junto a una pareja sentada en el banco metálico rojo que se abrazaba. Vagabundos dormían en los bajos del teatro real, escondidos tras una barricada de cajas de cartón. Ralenticé mis pasos. Qué tranquilidad tan rara. La noche es extraña, sobre todo en la ciudad. Parece la antesala de la intranquilidad, ese segundo escaso de silencio sepulcral antes de que algo vaya a explotar. Tan despacio era incómodo caminar, pero no quería perder ese momento, ese instante, esa escena, no quería dejar de estar en ese lugar.

31 Marzo 2005

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Esas madres planchando ropa de cama para que su preso pueda oler a casa.

Esos críos que se saben los bares de carretera en 1000 kms como la palma de su mano.

Esos cacheos insoportables y gratuitos a ancianos. Esas cabinas sucias cuando las demás están relucientes.

Esos kilómetros insoportables e injustos que tienen que soportar madres, padres, hijos y abuelos, porque su familiar está a cientos y cientos de kilómetros de su casa.

Esas ausencias. Esos silencios. Esos presos enfermos que no reciben la asistencia médica que necesitan porque el Estado español y el sistema penitenciario se ensaña con ellos.

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¿Te atreves a llorar cuando le ves?

¿Ven la luna llena desde esa cárcel?

¿Cuál e…

A pelo

Siento un terrible desprecio por aquellos que se aferran a las frases hechas para rellenar espacios de silencio necesarios. El tiempo lo cura todo. No estás solo. Mañana será otro día. Ante todo mucha calma. Pues despierta y calla porque el tiempo no cura nada. Tu gente muere, las heridas duelen, la realidad te pudre y tú envejeces más mal que bien, igual que todos. Con el tiempo solo aprenderás a convivir con tus ausencias y tus miserias, pero no esperes que los días se conviertan en vendas o tiritas. O te ayudas tú, o te hundes. Agárrate fuerte mientras te follan a pelo. Porque sí. Porque estás solo. Sobre ti solo está el cielo. Despierta. Abre los ojos. Y si no tienes nada que decir, cállate.

Michelangelo’s handwritten 16th-Century grocery list