11.3.10

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En medio del campo, entre hormigas y helechos, he abierto una dorada y brillante lata de anchoas, en plena boda. Los bancos de la derecha eran familiares del novio, boquerón de estampa impecable, y la novia, una anchoa hermosa con dos perlas prestadas por dos viejas ostras del barrio, lloraba lágrimas en ceite mientras transcurría la ceremonia. Yo intentaba mantener el pulso firme mientras escuchaba y miraba bajo las faldas del cura a ver si encontraba huevas. Una vez terminado el enlace, los novios han salido huyendo con el champán en la mano, mientras el resto del banquete me miraba con hambre, y trabajaba en pincharme con sus estúpidas espinas. He volcado la boda en pan, y pronto disfrutarán de un hermoso crucero por las aguas de algún sumidero de clima tropical.

20 Abril 2003

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