11.3.10

Desayuno

Todas las mañanas me despierto con el sonido de la radio. Una voz rasgada, íntima, que me da los buenos días y silenciosamente abre las puertas de mi balcón para que entre luz. Cuando los rayos de sol acarician mis ojos, me saca de la cama con una música suave que se va humedeciendo con el vapor de la ducha y termina envolviéndome como un albornoz. Entonces la voz me seca, me peina, y me prepara otra música más densa mientras se hace el café. Bebo mientras fumo y expulso notas musicales de humo que salen a la calle y me compran la prensa con las hojas aún pegadas, tiesas y manchadas de tinta china. Huele a opíparo desayuno en una plaza italiana con toldos blancos y violines que imagino mientras bajo el volumen de mi radio y me despido de la voz de mi locutor. Que me ha puesto colonia como una madre a su hija colegiala. Me despide asegurándose de que voy con la ropa limpia y planchada, la raya del pelo bien hecha, los zapatos embetunados, y un beso lo suficientemente grande como para dejar marcada a toda una saga familiar.

29 Marzo 2003

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