12.3.10

Espejo

Conocí a un hombre con una personalidad arrolladora. Un hombre sólido, seguro de sí mismo. De esos que agotan con sólo mirarle. Con un mundo propio tan extravangante, tan exagerado, que decidí seguirlo. Pronto descubrí su secreto. Al principio pensé que se miraba en cada cristal, en cada reflejo, por pura coquetería. Pero un día le vi cruzando espejos. Los traspasaba con la misma facilidad con que se traspasa el umbral de una puerta, pero cada vez que lo hacía su personalidad se enrobustecía. Se fortalecía. A él se le sumaba su propio reflejo. Y cada vez que cruzaba un espejo, era más él. Y cada vez más. Hasta que terminó siendo alguien muy diferente al que había sido. Alguien más fuerte. Más distante. Más frío. Más solo. Hasta que no consiguió reconocerse en un espejo.

20 Mayo 2003

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