11.3.10

L

La primera vez que vi un anuncio de Ferrero Roché, quise pertenecer a la jet. Me puse unos tacones, unas medias muy finas, un traje de flores bien escotado, y toda la parafernalia brillante que encontré la colgué en mis manos, orejas y cuello, y corrí a probar esas deliciosas bolas de oro, sacando los labios como si relamiera dinero. Me sentí lujosa. Rica, guapa y operada. Mi pelo destelleaba como si fuera rubio platino y las pestañas chorreaban de rimel. Crucé la calle con la boca llena de chocolate, en el mismo momento que pasó un jaguar con los cristales teñidos. Era mi jefe. Preguntó si ya era carnaval, y me recomendó una dieta con la educada excusa de que a lo mejor estaba reteniendo líquidos.

27 Noviembre 2002

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