11.3.10

Primavera urbana

Me he subido al pico más alto de una montaña nevada, y desde aquí arriba veo toda la ciudad. Mi perro asomado al balcón, moviendo el rabo al ritmo de la radio de los coches que pasan por la calle con las ventanillas bajadas, y mis plantas, que estuvieron heladas, empiezan de nuevo a brotar. Mis vecinos compran la prensa en el quiosco de la plaza, y pasean mirando escaparates, sonriéndose entre ellos cuando se paran a saludar. Hace un día soleado, y aunque aquí arriba hace frío, la nieve se está descongelando, y me deslizo suavemente, como en un zoom interminable que se va acelerando, hasta que me convierte en bola de nieve, y poco a poco en avalancha, hasta caer sobre el vendedor de cupones, que se ríe a carcajadas, y se me pega su risa. La gente nos rodea, creyéndonos una enorme bola de nieve bromista, que se ha perdido y ha ido a parar a una plaza, haciéndose consquillas con el mobiliario urbano y primaveral.

3 Marzo 2003

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