13.3.10

renfe

Cuando era pequeña, mi abuela se vino a vivir con nosotros, pero yo los primeros años casi no los recuerdo. Hasta que un día cambiaron las dos primeras cifras del teléfono de todo el barrio, y el de mi casa resultó casi igual que el de información y reservas de renfe. Mucha gente se confundía y aquello no dejaba de sonar, y así fue como apareció mi abuela en mi memoria, para quedarse.
Cada mañana, después de ducharse y vestirse, se sentaba en la mesa camilla junto al teléfono, y con la ayuda de un folleto de horarios y trayectos de los trenes, informaba diligentemente. Si el que llamaba quería reservar, entonces ella, muy amablemente, le señalaba el número al que debía llamar. Y así pasaba los días, hasta que se aprendió aquella guía casi entera.
En casa tuvieron que instalar una segunda línea, y eso nos convirtió en los modernos del barrio. Pero un día, el teléfono de la abuela dejó de sonar. Mi padre, indignado, llamó a renfe para protestar, pero allí no le entendía nadie. La abuela se pasaba los días deambulando por la casa, y hasta se dejó de arreglar.

(continuará...)

14 Marzo 2005

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