7.9.12

Las lecturas de Iñaki Soto, director del diario Gara


¿Crees que la literatura juega un papel importante a la hora de remover conciencias? 

La literatura, el cine, el teatro… la cultura en general te puede dar instrumentos para entender mejor el mundo y, en consecuencia, puede alimentar el deseo por cambiarlo. Cierta literatura te puede además dar pistas sobre cómo hacerlo –en mi opinión, conviene aceptar los dogmas justos, ni más ni menos–. Evidentemente, también te puede ayudar a sobrellevarlo o incluso a evadirte, algo que puede ser positivo si no te anula, si no te hace perder autonomía sino incrementarla.

¿Por qué crees que hay que leer? 

Para empezar porque la alternativa es no leer. Para seguir porque es la mejor manera de aprender a escribir. Y sobre todo porque te abre mundos a los que de otro modo no tendrías acceso, te enriquece como persona, te hace mejor. Además, es un placer. Todo lo dicho puede sonar tópico, pero no deja de ser cierto.
En clave más política, más allá de mi trabajo y sin ánimo corporativista, soy un gran defensor de la lectura de prensa. En nuestro caso concreto, el vasco, mi obsesión es hacer un periódico que alimente a aquellos que van a protagonizar el cambio político que se ha puesto en marcha en nuestro país, desde los líderes hasta las personas que con su trabajo diario o con su voto pueden hacer posible ese cambio. Por ejemplo, soy consciente de que los más jóvenes no dan el valor que dábamos nosotros a la prensa escrita, o como mínimo que la leen de manera distinta. Pero creo sinceramente que en este país –y esto sirve para el resto del mundo–, los líderes de dentro de diez, veinte o treinta años serán lectores habituales de prensa. Y si lees prensa acabas leyendo no solo literatura, sino hasta los prospectos de los champús.
Volviendo a tu pregunta, querría recordar también que, en las revoluciones del siglo XX, una de las obsesiones de los líderes de las mismas era la alfabetización. Por ejemplo, tengo compañeros que estuvieron en Nicaragua en esas campañas de alfabetización, y seguramente Cuba sea el mejor ejemplo de la riqueza que genera el valorar la cultura como un bien revolucionario.

¿Cómo empezaste a leer libros con peso político? ¿Con qué autores te estrenaste?

El instituto me marcó en varios aspectos, especialmente en el aspecto militante. Fue entonces cuando empecé a ser políticamente activo, a trabajar en diferentes organismos y a participar en luchas. Y también marcó mi futuro, dado que terminé estudiando Filosofía gracias al impulso de mi profesor de esa materia en el bachillerato. Ese fue mi auténtico bautismo. Recuerdo sobre todo a Sartre, a Nietzsche y a Russell. Y por supuesto a Marx.
En todo caso, mis primeros recuerdos de lectura están sobre todo asociados al periódico "Egin", la cabecera que compraban mis padres y con la que desayunábamos todos los días. Si tuviese que dar un momento clave en mi desarrollo como persona, probablemente sería la muerte de Josu Muguruza en Madrid. Yo tenía catorce años, era mi primer año en el instituto, y recuerdo muy claramente el impacto que eso tuvo en mis padres y cómo leímos aquella noticia antes de ir a clase. Si existe un momento concreto en el que la conciencia se despierta para mí fue ese; y está íntimamente asociado a la lectura del periódico.

¿Tienes algún primer libro o autor que te conmoviera entonces especialmente? 

Recuerdo especialmente "Madame Bovary" de Flaubert, "El idiota" de Dostoyevski, "Othelo" de Shakespeare y "Wilt" de Tom Sharpe. Como puede ver, no son precisamente ideólogos, pero en su literatura encontré cosas que me han marcado, ayudado, ilustrado… cosas importantes sobre temas relevantes tratados desde la literatura.
Ciñéndome al sentido que supongo contiene la pregunta, a esas edades tan difícil es entender a Marx como fácil es malentenderlo. Leí el "Manifiesto Comunista" repetidas veces y también "Las manos sucias", de Sartre. 
Con dieciocho años participé en una brigada internacionalista a Cuba, gracias al apoyo de mis padres. Antes y después de ir leí mucho sobre Fidel y el Che, y en general sobre la revolución cubana. También había estado en Nicaragua, y recomiendo "Canción de amor para los hombres", de Omar Cabezas.

A los jóvenes que comienzan a despertar, ¿qué lecturas les recomendarías? ¿Por dónde empezar? 

Creo que uno de los primeros libros que tiene que leer una persona adulta es "Sin noticias de Gurb", de Eduardo Mendoza. Es un libro inmejorable para todo aquel que quiera engancharse a la literatura, porque está muy bien escrito y es realmente divertido, además de ser muy fácil de leer. Cada persona es un mundo, pero creo que es más fácil que alguien que lee algo como ese libro acabe leyendo a Marx que al contrario, es decir, que partiendo de Marx se convierta en un gran lector. Como he dicho, esta norma no sirve para todo el mundo, pero creo que estadísticamente resulta pertinente.

¿Qué autores y obras te parecen imprescindibles? 

Para los euskaldunes el autor de referencia es Joxe Azurmendi, el escritor que más ha aportado al pensamiento en nuestro idioma. Su obra es inmensa en todos los sentidos y nunca le estaremos suficientemente agradecidos por su trabajo. Si tuviera que destacar un libro suyo sería "Demokratak eta biolentoak" (Demócratas y violentos), que no es quizá su mejor obra, pero captó un momento político clave de la últimas décadas en Euskal Herria y fue capaz de trascender más allá en su análisis a través de un pensamiento sólido.
En castellano destacaría a Eduardo Galeano, tanto por su prosa como por su mensaje anticolonialista, emancipador… También me fascina la manera de escribir que tienen los autores latinoamericanos en general y los argentinos en particular. Leerles es un auténtico placer.
En inglés me gusta especialmente Isaiah Berlin, autor con el que en general no comparto ideología, pero cuyo pensamiento filosófico me parece especialmente acertado. Su biografía de Marx, realizada tanto desde la discrepancia como desde el conocimiento profundo y la empatía, me parece un muy buen libro. Aunque, como he dicho, su obra más interesante me parece su pensamiento propio, especialmente sobre la pluralidad. Además escribe en un inglés asequible a mis limitaciones. Pese a esas limitaciones, intento leer en inglés, también literatura. Mis autores preferidos son Kureishi y Hornby, por citar tan solo a dos.

¿Podrías hacerme un breve recorrido por tu estantería de contenido político o filosófico? 

Tras terminar la carrera hice sobre todo Filosofía de la Ciencia y, más tarde, estudié la ética del nacionalismo. Por eso la mayoría de los libros de mi librería tienen esa temática y son sobre todo académicos. Una gran parte de mis libros contienen la palabra "nationalism" en el título. Es un tema apasionante, muy estudiado a nivel mundial, con grandes autores como David Miller, Eric Hobsbawm, Anthony D. Smith, Walker Connor… También están los clásicos de la filosofía, desde Aristóteles hasta Weber, pasando por Maquiavelo o Hume.

Por otro lado, tengo especial interés por los procesos políticos sudafricano e irlandés. Tengo algunos libros sobre los mismos. Y me atrae mucho el debate político e ideológico dentro del laborismo inglés, sobre todo para entender por qué perdieron la batalla quienes, como Ken Livingstone, defendían un proyecto realmente de izquierda y por qué la denominada tercera vía triunfó. En este último apartado, me fascina la manera en la que se zurran entre ellos a través de los libros, sin ningún tipo de compasión. Recientemente he leído "The New Machiavelli", de Jonathan Powell, un libro un tanto pretencioso pero muy interesante, especialmente para conocer cómo funciona el poder político en el mundo anglosajón. [Además el autor tiene un interés especial para nosotros, por tratarse de uno de los firmantes de la Declaración de Aiete].

¿Qué libros tienes ahora mismo en tu mesilla de noche?

Acabo de terminar de leer "El cielo es azul, la tierra blanca" de Hiromi Kawakami, una historia de amor que me ha gustado mucho. A raíz del caso del preso político Iosu Uribetxebarria estoy releyendo la biografía de Bobby Sands, de Denis O'Hearn, en inglés. Tengo pendiente "Nikolski", del autor quebequés Nicolas Dickner, que acaba de editar Txalaparta.

¿Me recomendarías tres libros?

Es difícil elegir, pero aun sabiendo que el ejercicio es un acto de parcialidad muy criticable, me voy a arriesgar: "Manifiesto nacionalista (o hasta separatista, si me apuran)", de Ulises Moulines; Entrevista con Isaiah Berlin de Jamin Rahanbegloo; "Qué hacer" de Lenin. Evidentemente, entre los citados anteriormente hay libros mejores y más referenciales, pero creo que estos forman una buena recomendación.

Iñaki Soto es director del diario Gara y puedes seguirle en su perfil de twitter: @gara_isoto

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