La vida sexual de las gemelas siamesas. Irvine Welsh



Lucy, una entrenadora personal bisexual de treintaypocos, obsesionada con el peso, las calorías y la comida-alfalfa, transita con su coche a deshora por una carretera de Miami, cuando presencia una pelea que parece que va a terminar en tiroteo. Sin pensárselo dos veces, sale de su vehículo, le hace una llave de noséqué arte marcial a uno de los hombres que va armado y está a punto de cargarse a un tercero, le salva la vida, y Lena, una chica que casualmente pasaba por allí, lo graba todo con su móvil. Lucy inmediatamente se convierte en una celebridad. Es la heroína local, y antes de que regrese a casa, ya tiene la puerta repleta de paparazzis esperándola.

En seguida le ofrecen protagonizar un docureality televisivo para cambiar la imagen de los concursantes, y Lena, la autora del vídeo que la ha convertido en la persona más famosa de Miami, se obsesiona con ella y la contrata como entrenadora personal.

Entre ellas surge una relación que comienza como una amistad rara, y que se convertirá en un delirio durante el cual, Lucy decide que tiene que salvar a Lena de su obesidad y su adicción a la grasa y los azúcares saturados, y la única solución que encuentra es la de secuestrarla y mantenerla encadenada en un apartamento situado en lo alto de un rascacielos deshabitado.

Cada día Lucy la visita, limpia sus excrementos, la obliga a hacer ejercicios y machacarse en una cinta de correr, la alimenta con las 450 calorías que según ella no debe sobrepasar al día una mujer, hasta que Lucy pierda los 19 kilos que le sobran.

La novela es entretenida a veces, no siempre, y ni siquiera llega a divertida, básicamente porque al ser tan poco creíble, resulta imposible empatizar con los personajes, que terminan resultando planos por muy enloquecidos que estén. Y si hubiera en ella alguna crítica a ese mundo obsesivo en el que vivimos, donde todos los productos que te venden por televisión prometen "beneficiosos para la salud" aunque se trate de un spray para quitarle el polvo a los muebles de madera, ésta se desvanece ante tanta exageración.

En los Agradecimientos, Welsh termina: "A todos los que han comprado los libros y visto las películas y, por consiguiente, han evitado que tuviera que conseguir un empleo como es debido durante años". Y la verdad, después de quedarme con la sensación de haber perdido un poco el tiempo y el dinero, esto me ha sonado a una especie de autojustificación por parte del autor, consciente de que esta vez no le ha salido demasiado bien y se tenga que plantear empezar a buscarse un curro.

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