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¿Y qué pasa con el trabajo de las mujeres de los grandes escritores rusos?

Sofía y Leon Tolstoi
Los grandes escritores rusos, desde Dostoievski, Tolstoi, Nabokov, Bulgakov, Solzhenitsyn, hasta Mandelstam, con frecuencia son descritos como genios solitarios. Pero muchas de sus obras maestras fueron fruto de la colaboración con sus parejas. Muy lejos de ser ellas meras pasivas taquígrafas, se convirtieron en sus correctoras, documentalistas, editoras, y más allá. 

"Lo que la gente sabe es que Sofía hizo copias de las grandes novelas de Tolstoi, pero en realidad fue mucho más lejos", afirma Alexandra Popoff, autora de este libro sobre el tema. "Juntos discutieron sobre su obra, ella fue la chispa sin la cual ese Guerra y Paz que el mundo entero admira, no habría  existido".  

La Literatura inglesa cuenta con escritoras fundamentales, pudiéndonos remontar al siglo XVII con la dramaturga Aphra Behn. También hubo otras mujeres de escritores occidentales como Zelda Fitzgerald y Martha Gellhorn (casada con Ernest Hemingway), que mostraron poco interés por convertirse en notas a pie de página de la vida de alguien. 
Anna Dostoievski

Pero hasta la mitad del siglo XX, la prosa rusa estuvo dominada casi completamente por hombres, que fueron leonizados y convertidos en héroes nacionales. De sus mujeres se esperaba que se dedicaran a cultivar el genio de sus maridos, un papel que muchas jugaron con gran empeño.

El modelo quedó establecido por los Dostoievski y los Tolstoi. Sofía Tolstoi hacía copias de los trabajos de su marido, de sus diarios y sus cartas, trabajando en ellos hasta bien entrada la noche después de haber pasado el día cuidando de la casa y de sus 12 hijos. Además le sirvió de musa, siendo ella la fuente de inspiración para la historia de amor entre Kitty y Levin en Anna Karenina

Dostoievski le dictó Crimen y castigo y Los hermanos Karamazov a su mujer Anna, dándole a muchos de sus personajes cualidades que venían de ella. "Fyodor Mikhailovich fue mi ídolo, mi dios", escribió Anna, eternamente entregada incluso tras haber hecho de enfermera durante su adicción al juego, que la terminó hundiendo en la miseria. 

Estos arquetipos fueron imitados, en ocasiones de manera consciente, por futuras parejas. Antes de su matrimonio, Tolstoi le dio por escrito a Sofía una relación de sus previas aventuras sexuales, incluyendo el relato que cuenta cómo se contagió de gonorrea tras acostarse con una prostituta, un episodio que recrearía después en Anna Karenina. Nabokov, que idoltraba a Tolstoi, hizo exactamente lo mismo con su mujer Vera. 

Vera y Vladimir Nabokov

Algunas de estas mujeres llegaron incluso a arriesgar sus vidas por el trabajo de sus maridos. 

Es el caso de Natalia Solzhenitsyn (en la foto, junto con Alexander). Ella conoció a su futuro marido a los 28 años, cuando preparaba su doctorado, y él ya era famoso por Un día en la vida de Ivan Denisovich. Además de realizar un extensivo trabajo de investigación para sus novelas históricas, de editar y recopilar sus obras, Natalia llevó y diseñó todo el contrabando de sus trabajos al Oeste, preservando The Gulag Archipelago y otros textos cruciales.

Muchas continuaron trabajando para sus maridos cuando ya fueron viudas. Yelena Bulgakov luchó incansablemente para asegurarse de que El maestro y Margarita fuese publicado tras la muerte de su marido. Además, el personaje de Margarita estaba inspirado en ella.   Por otro lado, tras la muerte del poeta Osip Mandelstam en un campo en Siberia, Nadezhda (en la imagen de la derecha) movió su archivo secreto a través de la toda la Unión Soviética. También escribió dos muy buenos libros de memorias: "Esperanza contra esperanza", y "Esperanza abandonada". 

Aquellas  relaciones llegaban a ser devoradoras. Tal y como lo puso Nabokov, él y Vera tenían "la misma sombra". Dostoievski, Mandelstam y Nabokov, todos afirmaron que no eran capaces de escribir si ellas no se encontraban cerca. 

Según cuenta la poeta Anna Akhmatova tras conocer a  Mandelstam y Nadezhda, "él no la permitía que se mantuviese fuera de su vista, era un celoso enfermizo, y le pedía consejo sobre cada palabra de sus poemas. Nunca había visto nada igual". 

Pero también algunas de estas mujeres encontraron que esta autoinmolación era llegar demasiado lejos. Sofía Tolstoi pintaba y escribía. Su marido tomó prestado de una de sus novelas de juventud el nombre para la heroína de Guerra y Paz: Natasha. Y en medio de la conversión religiosa de él, Sofía comenzó a lamentar su devoción. En su libro de memorias Mi vida, que no se publicó hasta 2010, escribió: "Todos me preguntan: ¿por qué una mujer sin valor como tú necesita una vida artística o intelectual? A esta pregunta solo puedo responder: No lo sé, pero suprimirlo eternamente para servir a un genio es una gran desgracia."


Yelena y Mikhail Bulgakov

Cuando Sofía cedió su papel como confidente al discípulo de Tolstoi, Vladimir Chertkov, se encontró con que la habían excluido completamente de su círculo. Sus acólitos incluso se negaron a permitirle que se acercara a su lecho de muerte. Por culpa de la influencia de Chertkov, ella sería retratada durante mucho tiempo como una "mujer pañuelo incapaz de apreciar el genio moral de Tolstoi", según afirma Andrew Kaufman, autor de Comprendiendo a Tolstoi.


Pero según Kaufman estas actitudes están cambiando. "Ahora los rusos empiezan a estar  listos para humanizar e incluso criticar a sus grandes figuras, descubriendo sus fallos e hipocresía moral. La antipatía general hacia el extremismo moral de Tolstoi y hacia cómo éste trataba a su mujer e hijos, forma parte de esta  tendencia". 

"Hoy día hay grandes escritoras rusas como Lyudmila Petrushevskaya y Tatyana Tolstaya, que están adquiriendo fama mundial, con lo que este tipo de relaciones parece que empiezan a formar ya parte del pasado", afirma Popoff en su libro The Wives: The Women Behind Russia's Literary Giants. 


Pero entonces, uno no sabía dónde empezaba y dónde terminaba esa colaboración. Y estas mujeres forman una parte fundamental de la Literatura rusa. 

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